Homenajes

Abril 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Alguien me preguntó por qué no asistí al homenaje que las fuerzas vivas de la región tributaron a los vallecaucanos que laboran en el Gobierno. La respuesta es muy sencilla. No me gustan los homenajes, porque casi siempre son una gran lagartada. Los peores son los de desagravio, que suelen organizar los amigos (cómplices) de algún pícaro exfuncionario que se ve involucrado en un proceso judicial y que por la inoperancia de la justicia al final resulta exonerado.Otros homenajes de los que desconfío son aquellos en los que el (los) objeto (s) de la exaltación no han culminado su labor y son dueños de mucho poder. Por lo cual, hay poderosas razones para quedar bien con ellos. La celebración de la semana pasada cae en esa categoría. No me cabe duda de que la Unidad de Acción Vallecaucana tuvo las mejores motivaciones para organizarla. Y que no está esperando nada a cambio por parte de los homenajeados. Pero aún así, no creo que tenga sentido traer a todos esos ministros y consejeros para decirles que los queremos mucho.Como en la vida no todo es blanco y negro, hay homenajes que sí se justifican. Por ejemplo, el que tuvo lugar dos días antes del reconocimiento a los vallecaucanos bien ‘puesteados’, en honor de Soffy Arboleda. Ni uno sólo de los 300 asistentes a ese acto fue por quedar bien con Soffy. Todos los que acudimos lo hicimos porque la adoramos y porque apreciamos lo que ha hecho por el arte, la educación y por la gastronomía caleña. Y porque todos nos sentimos su mejor amigo. No podemos decir lo mismo de quienes fueron al evento de la UAV. Unos lo hicieron por compromiso, otros para que los vieran y los menos porque lo sentían sinceramente. Este tipo de homenajes deberían ser personales y por motivos concretos. Y ojalá cuando la persona haya terminado su gestión y los lagartos no tengan razones para quedar bien con ella.No me cabe duda de que muchos de los homenajeados se han esforzado por servirle a la región en la medida de sus posibilidades. ¡Que bueno que hubieran esperado a que concluyeran su labor para exaltarlos!Porque cuando el homenajeado está en pleno desarrollo de sus funciones se puede dar lo que ocurrió con el Ministro de Minas: pocos días antes del reconocimiento, el doctor Renjifo fue cuestionado por varios empresarios del Valle porque su cartera autorizó un cambio en el cobro de la tarifa del gas que va a encarecer sensiblemente ese servicio para las empresas regionales. Lo que por supuesto, afecta su competitividad. Pero por encima de todo, me parece que se perdió la oportunidad de oro de aprovechar ese acto para comprometer a ese pléyade de funcionarios con los objetivos estratégicos de la región.Y es que ese homenaje hubiera tenido sentido si en lugar de darles golpecitos en la espalda a los vallecaucanos destacados, se les hubiera comprometido para que contribuyeran, desde sus altos cargos, a sacar adelante iniciativas fundamentales para el departamento, como el nuevo aeropuerto (aunque aseguran que las obras arrancan en el tercer trimestre del año), por citar una sola.Lo que en el fondo me preocupa de homenajes como el del jueves pasado es que no pasan de ser un acto social que no le deja ningún beneficio real a la región.

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