Fachada perversa

Febrero 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

$50.000 millones, es lo que el Municipio tiene disponible para inversión en Cali durante el 2012, según la Directora de Hacienda. Es decir, nuestra ciudad, con las inmensas necesidades que tiene, apenas tiene para invertir en todos los frentes $5.000 millones más de lo que despilfarró el anterior gobierno local en el nefasto programa de los Guardias Cívicos, durante los tres años que existió. El programa, defendido a capa y espada por su creador, Jorge Iván Ospina, fue tan costoso como inútil, porque después de esos $45.000 millones los caleños somos igual de caóticos e indisciplinados que antes. Apuesto que ese ejército de burócratas que se la pasaba deambulando por las calles de la ciudad no sirvió para cambiar la actitud de un solo ciudadano. Lo cual es apenas normal porque detrás de los Guardas Cívicos no había estrategia alguna, ni entrenamiento, ni menos vocación cívica.En realidad, tras esa pomposa fachada de civismo, lo que existió fue una torva estrategia para hacer politiquería, de la que fueron cómplices directos los concejales que ahora se rasgan las vestiduras por los malos manejos ocurridos en la anterior Administración Municipal.El propósito era darles una ‘corbata’ a unos cuantos amigos del Alcalde y de los concejales, a cambio de que estos aportaran equis número de votos a sus campañas políticas. Ese clientelismo masivo, descarado e inútil, nunca se había visto ni en esta ciudad, curtida en escándalos. Es increíble que algunos concejales tengan el descaro de defender esa iniciativa con el argumento de que sirvió para menguar el desempleo reinante en la ciudad. El empleo que generó fue absolutamente ocioso y efímero. Si esos $45.000 millones se los hubieran entregado a la gente para que montara un negocio, así fuera un puesto de arepas o de perros calientes, hubieran sido de mayor utilidad. Pero hoy, $45.000 millones después, no sólo la falta de civismo de los caleños sigue intacta, sino que los 1.400 privilegiados que ejercieron como guardas, están igual de desempleados que antes de que se disfrazaran de apóstoles del civismo.Si hay un caso grave de detrimento del patrimonio público ocurrido durante el gobierno Ospina es este. Si bien la remodelación del Estadio Pascual Guerrero resultó costosísima, al menos el Estadio quedó allí. ¿Pero los Guardas Cívicos qué dejaron? Sólo pesares, como dice el pasillo de José Barros. Por ello, cualquier gobierno serio hubiera procedido como lo hizo el de Rodrigo Guerrero, que le dio un entierro de tercera a ese asalto a las finanzas municipales. Pero eso no es suficiente. En buena hora la Procuraduría abrió una investigación de oficio por este caso, pues lo que esperamos los caleños es que se emprendan las acciones legales y disciplinarias que correspondan para sancionar a los responsables de semejante despropósito. Y para que quienes participaron en el diseño e implementación de esta maquiavélica iniciativa le reintegren al Municipio un dinero que nunca se debió despilfarrar de semejante forma.Devolver esa plata sería el único gesto realmente cívico que podrían tener con Cali, quienes concibieron semejante esperpento.

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