Estamos secos

Enero 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

La sequía que está afrontando Cali, y que tiende a agravarse, no es producto del fenómeno del Niño, como muchos creen. Ese fenómeno climático, simplemente, ha desnudado el problema de abastecimiento de agua que tiene Cali hace rato. Esta debe ser la única ciudad importante del mundo cuyas principales fuentes de agua son de escorrentía, es decir, ríos. Las demás, incluida Bogotá, tienen almacenadas reservas de agua suficientes, en inmensas represas (la de Bogotá se llama Chingaza) que les permiten no estar sujetas a los cambios climáticos y a los problemas ambientales que afectan los ríos.Pero además, el 70% del agua que se consume en Cali se extrae del río Cauca, que no solo está supercontaminado sino cuyo nivel está por debajo del de la mayoría del territorio en el que se asienta la ciudad. Con lo cual, sacar agua del Cauca resulta doblemente caro, pues no solo hay que descontaminar el agua sino que se debe bombear, con los costos en energía que ello implica. Si estuviéramos en Los Angeles, California, ciudad ubicada en un desierto, no quedaría otro camino que bombear el agua de donde fuera (allí la llevan de una represa ubicada a 600 kilómetros de la ciudad). Pero que Cali, ubicada en las goteras de la zona más lluviosa del mundo y rodeada por montañas, tenga que bombear el agua que consume de un río moribundo, es absurdo.Eso lo han sabido quienes han pasado por la Alcaldía y por la Gerencia de Emcali durante los últimos 30 años. Y sin embargo no han hecho nada para solucionar ese problema, que es el origen de la sequía que ahora padecemos. ¡Ni siquiera han podido frenar el despilfarro del agua que distribuye Emcali. Al punto que la empresa no factura casi el 60% del agua que potabiliza! Estudios para encontrar fuentes de agua se han hecho decenas. Pero de ahí no han pasado. El único proyecto concreto, que yo recuerde, fue el que propuso Susana Correa cuando fue gerente de Emcali, para hacer una represa en Pichindé. Que si se hubiera desarrollado ya estaría concluido. Pero como nuestros gobernantes y funcionarios suelen padecer del síndrome de Adán, y cuando llegan a un cargo creen que están en el primer día de la creación, al sucesor de Susana no le gustó el proyecto y lo archivó. Con lo cual privó a la ciudad de tener una reserva de 80 millones de metros cúbicos de agua, de la cual, además, el líquido se sacaría por gravedad. Con este panorama, encontrar una solución definitiva al problema de agua, que implique acabar la ‘Cauca dependencia’ que padece la ciudad, es una urgencia inaplazable.El alcalde Armitage dijo que no es experto en el tema y anunció que delegará en ‘los técnicos de Emcali’ la búsqueda de una fuente definitiva para que Cali garantice el abastecimiento de agua por, al menos, los próximos 50 años. (La inmensa mayoría de quienes viven en alguno de los 73 sectores caleños que ya padecen racionamiento nocturno, tampoco son expertos. Pero para captar la magnitud del problema les basta abrir la llave del lavamanos después de las 10:00 p.m.)Es sensato que Armitage ponga en manos de quienes saben la misión de plantear las diferentes alternativas de solución a este problema. Lo importante es que al finalizar su gobierno no solo haya escogido la que considere más conveniente sino que deje en marcha el proyecto para implementarla.Porque en este tema, Cali no resiste más aguas tibias.

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