En política, Cali es Cali

Noviembre 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Muchos colombianos viven angustiados por la cacareada polarización que existe entre santistas y uribistas. Yo no pertenezco a ese contingente. Al contrario, creo que esa pugna es hasta sana para la democracia. Entre otras cosas, en todos los países democráticos ocurren disputas de ese tipo. Y sino miren el agarrón en el que andan Republicanos y Demócratas, en Estados Unidos, debido a las normas migratorias que aprobó el Presidente Obama. En todas partes existe un partido que gobierna y otro que hace oposición. A las buenas y a las malas. Lo que pasa es que nosotros aún padecemos las secuelas de esa mentalidad frentenacionalista, que nos metió en la cabeza que la torta del poder hay que repartirla entre todo el mundo, y por eso nos encantan las uniones nacionales y nos aterramos de que alguien se atreva a hacer oposición. Pero estoy convencido de que a nuestra democracia le sirve más un Congreso en el cual el 20% no comulga con las iniciativas del Ejecutivo, y plantea alternativas, a esos Congresos 100% arrodillados frente al Presidente de turno que hemos tenido desde que se firmaron los pactos de Sitges y Benidorm. Menos me desvela que Santos y Uribe no se quieran. Es más, creo que esa malquerencia no tiene arreglo porque nace de un choque en el que ambos tienen razón: Uribe, porque siente que Santos se hizo elegir con sus ideas y gobernó con otras totalmente diferentes. Y Santos porque es natural que un presidente gobierne con su propio libreto. Pero si no me despeluca la tal polarización, sí me preocupa que la misma se vaya a trasladar al escenario local y, en concreto, a la elección para la Alcaldía de Cali. Los santistas andan barajando nombres. Y para muchos de ellos la principal condición que debe cumplir quien aspire a ser ungido por la Unidad Nacional es que deteste a Álvaro Uribe. Lo propio ocurre en el uribismo, pues el candidato del Centro Democrático, antes que nada debe aborrecer al Presidente. Craso error. Lo que menos importa del futuro Alcalde de nuestra ciudad es que sea santista o uribista. Lo que interesa es que sea una persona seria, centrada y preparada, que conozca la ciudad y que tenga el criterio para cosechar lo que ha sembrado Rodrigo Guerrero.Porque así este gobierno sea pésimo para mostrar sus logros y los huérfanos del poder que viven merodeando el CAM a ver qué negocio cuadran, y que con Guerrero se han comido un cable, se la pasen potenciando sus defectos, lo cierto es que la actual Administración le puso orden al Municipio. Y, sobre todo, va a dejar las finanzas muy recuperadas, gracias a que tuvo la valentía de acabar con la vagabundería del contrato que tercerizó el recaudo de los tributos locales. O sea que el próximo Mandatario local, al contrario de sus antecesores, va a tener platica para gastar. Con lo cual, urge que el elegido sea una persona sensata, que invierta bien esos recursos y no se deje llevar por tentaciones populistas ni, mucho menos, engatusar por los bandidos que, de seguro, intentarán plantearle toda serie de negocios. No, aquí la pelea no es entre santistas y uribistas. Es entre sensatez, populismo y corrupción. Y si los seguidores del Presidente y los del exmandatario se empecinan en utilizar esta disputa electoral para ver como se tiran unos a otros, de pronto se les cuela por la mitad un vendedor de ilusiones o un alcalde Malo que nos regrese a esas oscuras épocas que tanto nos ha costado superar.

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