Emboscada escrita

Julio 15, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

No fue una carta, fue una emboscada. Y el real destinatario no era Álvaro Uribe. Eran los potenciales votantes del plebiscito con el que se refrendarán los acuerdos de La Habana.Santos no le estaba hablando a Uribe cuando manifestó que “decidí escribirle esta carta para invitarlo, desde el fondo de mi corazón, a que nos ayude, con su indiscutible liderazgo y sin abandonar su independencia crítica, a aprovechar la oportunidad única de paz que se abre a los colombianos”.Le estaba hablando a la galería. Y el mensaje que mandó es ‘miren cómo soy yo de magnánimo, que a pesar de todas críticas que Uribe me ha hecho y del palo que me ha dado, yo le reconozco su liderazgo y además lo invito a que nos ayude a construir la paz’.Santos, por supuesto, no esperaba una respuesta afirmativa a tal invitación. Él tiene claro que en el fondo de todas las críticas que Uribe hace a sus actuaciones está la profunda inquina que el expresidente le profesa a una persona que, él siente, cometió una traición imperdonable: hacerse elegir con los votos y el discurso uribista y luego, ya en el poder gobernar con los enemigos de Uribe y con un discurso opuesto.Mejor dicho, el problema que tiene Álvaro Uribe con Santos es personal. Y eso no se supera con cartas de amor. Esperar que ello suceda es como suponer que alguien que ha sido ‘corneado’ por su pareja la perdone por una carta de arrepentimiento y lágrimas de cocodrilo.Uribe respondió exactamente como Santos esperaba: con una rotunda negativa y con el argumento de que: “parecería inútil invitar a un diálogo para notificar lo resuelto. Cuando el crimen es campeón, el perdón y la reconciliación corren el riesgo de no ser sinceros y la paz sin justicia corre el riesgo de no ser paz”.No podía contestar de otra manera. Y Santos lo sabía. Con lo cual, el Presidente salió ganador de esta jugada a tres bandas, pues para muchos colombianos que aún no saben cómo votarán en el plebiscito, Santos quedó como el generoso que le tendió la mano al enemigo y Uribe como el resentido que pone por encima sus odios al propósito de la paz. Con lo cual, esta carta lejos de acercarlos terminará alejando más a estos dos personajes.Lo que no entiendo es por qué tanta gente piensa que para materializar la paz es indispensable que Uribe se sume al colectivo de amanuenses que encabezan Roy y Benedetti, los Fouchés criollos, que se inclina ante todo lo que dice el Presidente. Yo estoy convencido de que Uribe le aporta mucho más a ese proceso desde su “independencia crítica” que alinderándose con el gobierno.La permanente fiscalización del uribismo ha servido para que el gobierno no le haga a las Farc muchas más concesiones de las que le ha hecho. Incluso, lo acordado en el punto de la desmovilización de la guerrilla y el desarme se puede interpretar como un triunfo del uribismo. Porque se va a hacer exactamente lo que su líder pedía: que los guerrilleros que se van a desmovilizar se ubiquen en unas zonas de concentración. Y que las Farc entreguen sus armas, como efectivamente lo harán a las Naciones Unidas.Lo que demuestra que para la paz es mucho mejor que exista un sector crítico que proponga y le haga control político a lo que se acuerde, a un unanimismo pernicioso en el cual todo el mundo avale sin chistar, a lo Roy, lo que se pacte en La Habana.

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