Embarrada General

Noviembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

¿A alguien se le puede ocurrir que a ‘Timoshenko’, le dé por darse un ‘borondo’, como dicen los muchachos, con una ‘camarada’ por la Plaza de Bolívar?Pues eso, más o menos, fue lo que hizo el general Ruben Darío Alzate, al meterse en plena zona roja del Chocó, vestido de civil, sin escolta y sin avisarle a nadie, con la única compañía de una atractiva abogada y un cabo del Ejército. Sin exagerar, tal imprudencia puede calificarse como la peor estupidez cometida por un oficial de las Fuerzas Militares en los 50 años que lleva la confrontación con las Farc. Lo de menos es cuáles fueron las intenciones del General al emprender esa incursión: si adelantar una labor social con la comunidad, como dice la Alcaldesa de Quibdó, o simplemente echarse una canita al aire con la abogada (carajo, ¿será que en Quibdó no hay moteles?), como insinúan algunos reporteros suspicaces.De cualquier forma, es inexplicable que un oficial con semejante trayectoria haya metido las patas de esa forma. Y es que el general Alzate no solamente fue comandante del Gaula, el grupo que se encarga de combatir el secuestro (?) sino que tenía una amplia experiencia en el manejo de la inteligencia militar.La única explicación que se puede vislumbrar para tratar de entender porqué un oficial con tales blasones comete semejante error es el exceso de confianza. Que es lo que ha generado los grandes errores militares de la historia. Para mencionar uno, los japoneses no hubieran acabado con Pearl Harbor, si los estadounidenses hubieran atendido las señales expansionistas y bélicas que desde hace rato daba el imperio Nipón. De seguro, el general Alzate pensó que las Farc están acorraladas y que los 400 hombres que tiene el bloque Iván Ríos se encontraban monte adentro y no se iban a atrever a asomar sus barbas a los predios de la poderosa Fuerza Titán, integrada por más de 2.500 efectivos.Olvidó el alto oficial que esa guerrilla ha compensado la disminución de sus combatientes con el aumento de sus milicianos. Y que uno de ellos puede ubicarse a una cuadra de una guarnición militar a husmear, sin que nadie se percate. Grave error, que debe servirles de precedente a los encargados de combatir a las Farc, porque como dice el expresidente Uribe, por muy golpeada que esté, “la culebra aún está viva”. Claro que el secuestro del general Alzate no tiene nada que ver con la capacidad de hacer daño que conserva la insurgencia. Con semejante papayazo que dio Alzate hasta un grupo de boys scouts lo habría raptado. De todas formas la lección para los militares es clara: no pueden relajarse porque las Farc viven pendientes de los errores que cometen, para sacarle el mayor jugo posible. Para el general Alzate el destino no puede ser más claro. Ni todos sus pergaminos le alcanzarán para evitar lo inevitable: la llamada a calificar servicios. Ese es el precio que deberá pagar por asumir un riesgo que puso en peligro su vida, el proceso de paz y hasta la credibilidad en el alto mando militar. Porque muchos colombianos se preguntan si así actúan nuestros generales, qué se puede esperar de ahí para abajo. Pero esa sanción pública va a ser una mera anécdota frente a las explicaciones que tendrá que darle a su esposa. Que de seguro ya también está considerando en pasarlo a buen retiro marital. Con tal panorama, me atrevo a pensar que el menos entusiasmado con la liberación del general Alzate es él mismo.

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