El último Titanic

El último Titanic

Enero 21, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

En el Valle del Cauca hemos sido capaces de hundir no un Titanic sino una flota completa de barcos que ‘ni Dios podía destruir’. La FES, Emcali, que de ser una empresa de servicios modelo devino en una empresa modelo de ineficiencia, la Corporación Financiera del Valle... La flota vallecaucana parecía más sólida que la Armada Invencible de Felipe II. Sin embargo, hoy presenciamos el hundimiento del buque insignia de esa flota: La CVC, que cuando zarpó, por allá en los años 50 del siglo pasado y era manejada por unos avezados capitanes, marchaba a todo vapor y se convirtió en modelo nacional en el manejo ambiental. Pero hace unos años, la flamante nave se estrelló contra el iceberg de la politiquería y la corrupción y desde entonces está haciendo agua, como ocurrió con sus ‘hermanas’ del resto del país, creadas a su imagen y semejanza.Que las demás CAR también anden a la deriva no es ningún consuelo. Porque para el Valle, así el 99% de sus habitantes lo ignore, el hundimiento de la CVC es una tragedia que refleja nuestra decadencia como colectivo social. Y es que el denominador común de los naufragios que han ocurrido aquí es que han sido causados por unos cuantos, pero los demás poco hicimos por evitarlos. Es decir, fuimos cómplices por omisión.El iceberg que acabó hundiendo la CVC fue una ley de 1993 que, fuera de que le quitó la generación energética, pretendió darle un manejo democrático. Pero sucedió que los vallecaucanos no nos organizamos y no ocupamos esos espacios democráticos, lo que fue aprovechado por unos sagaces corsarios de la política para tomar el timón de la entidad. La estrategia para apoderarse del Consejo Directivo, máximo órgano rector de CVC, fue sencilla: primero pusieron 20 alcaldes en el Valle, con lo cual se apoderaron de dos cupos de ese consejo. Luego, aprovechando la desunión y la apatía que caracteriza a nuestras minorías, se apropiaron de los cupos que en ese consejo tienen las negritudes y los indígenas. Finalmente, a través de unas ONG de fachada, se adueñaron de los dos cupos que poseen esas organizaciones en el Consejo de CVC. De esa forma, ‘Barbanegra’ Martínez y ‘Barbagris’ Abadía se hicieron a seis de los once puestos que tiene ese Consejo. Y como allá las decisiones se adoptan por mayoría simple, asumieron el control de la entidad. Con ese golpe de mano, la CVC terminó de irse a pique como autoridad ambiental de la región, lo que quedó plenamente comprobado en el reciente invierno. Pero se convirtió en el preciado botín con el que esos bucaneros de la política se tomaron por asalto buena parte de las instituciones de la región. Por ello, la liquidación, o como quiera llamarla el presidente Santos, de CVC está justificada. Lo que preocupa es que la administración de la entidad que la sustituiría será similar a la de la Corporación liquidada. Con lo cual, pueden ser también presa fácil de ‘Barbanegra’, ‘Barbagris’ y sus secuaces. La mejor forma de evitar que ello ocurra es que los vallecaucanos nos amotinemos contra esos corsarios de la política y nos decidamos, de una vez por todas, a recuperar el control de lo que queda de la Armada Invencible del Valle del Cauca. Mejor dicho: nos unimos o nos acaban de hundir.

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