El mal trago de Óscar

Junio 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Un héroe y un villano dejó el episodio en el que se vio envuelto el periodista Óscar López Noguera, al ser sorprendido por unos policías conduciendo en estado de alicoramiento.El héroe fue el Secretario de Tránsito, quien apareció en varios medios de comunicación para denunciar el hecho y dar cátedra acerca de cómo deben comportarse los funcionarios. Y el villano fue, por supuesto, el colega que además de manejar con algunas copas encima, se salió de la ropa cuando los policías lo interceptaron.Pero ocurre que, como en la mayoría de las circunstancias de la vida, las cosas en ese caso no fueron tan en blanco y negro y tuvieron sus matices.Hablemos primero del héroe. Sin duda Alberto Hadad ha realizado una labor encomiable al frente de la Secretaría de Tránsito. Se ha dedicado, con una persistencia admirable, a tratar de ponerle orden al caótico tráfico de la ciudad. Por ello, y porque a diferencia de muchos miembros del gabinete de Guerrero, sí sabe mostrar lo que hace, Hadad se ha convertido en la estrella del equipo del Alcalde.La debilidad de Alberto parte de su capacidad de comunicar: se le va la mano en figuración. Esa circunstancia, sumada a su acelere natural, ha hecho que muchos de quienes al principio ponderaron su trabajo, hoy lo miren con recelo. Y es que Hadad exagera cuando recrimina a los sancionados en plena vía pública. Ese rol no le corresponde y debía dejárselo a los guardas que han sido entrenados para ello.En el caso del periodista, Alberto también exageró. Ponerse a buscar a los periodistas para ofrecerles el video tomado por la Policía, en el que aparece López energúmeno fue demasiado. Sobre todo, porque el infractor, a pesar de las protestas, se dejó hacer la prueba de alcoholemia y el carro se lo inmovilizaron. ¿Será que al Secretario de Tránsito le corresponde aventar de esa forma a una persona y ponerla de ejemplo de cómo no debe comportarse un funcionario? No creo. A no ser que el Alcalde le haya entregado la función de jefe de comportamiento y civismo del Municipio.La conducta de Óscar López es injustificable. Como él mismo lo admitió, cometió no uno sino dos errores. Primero, conducir bajo los efectos del alcohol --no importa si se había tomado una o 100 cervezas-- y después ‘aletearse’ de esa forma. Pero tiene sus atenuantes. Le inmovilizaron el carro a esas horas de la madrugada, lo que no deja feliz a nadie; lo tuvieron detenido hora y media esperando que llegara el tránsito y, sobre todo, la filmación de la Policía fue una abierta provocación. Esas filmaciones, además de que indisponen a la gente, no me merecen ninguna credibilidad, porque quien las hace puede manipularlas, para mostrar lo que le conviene. ¿O será que si el que se embejuca es un policía, van a salir a correr a mostrárselo a la prensa? No es serio que las autoridades entreguen esas grabaciones a los periodistas amigos, para que estos las muestren como si fueran la gran chiva. Y menos que las usen selectivamente para tirarse a quien les venga en gana.A los dos protagonistas de esta historia les quedan enseñanzas. A López de seguro no se le volverá ocurrir manejar un carro luego de haberse tomado un trago. Ojalá Hadad entienda que si a su entusiasmo suma una dosis de cabeza fría y de discreción le va ir mejor.

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