El hijo que Santos no pudo negar

El hijo que Santos no pudo negar

Junio 29, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El presidente Juan Manuel Santos actuó con la Reforma a la Justicia como el individuo que deja embarazada a su novia y luego pretende evadir su responsabilidad.Pero el Presidente no pudo negar esa ‘criatura’ que llevaba el ADN de su Gobierno y fue concebida en los salones del Palacio de Nariño, con su pleno consentimiento. Entiendo el enojo de los miembros del Congreso, que viene siendo como la madre de la Reforma, por la pretensión del Gobierno de echarle toda su responsabilidad por tan embarazosa situación. Que la criatura que el Legislativo parió resultase un adefesio no es sólo responsabilidad de la madre. Los vicios cometidos durante la gestación y que terminaron desfigurando el cuerpo del delito son culpa de ambos padres. No es cierto, como ha pretendido hacernos creer el Mandatario, que los problemas de la reforma surgieran al momento del parto. Como dijo la exconstituyente María Teresa Garcés, las deformaciones de la criatura, aparecieron desde que fue concebida y se encontraban prácticamente en todos sus artículos. Es clarísimo que el cambio de actitud de Santos frente a SU creación no se dio debido a los ‘micos’ de la conciliación sino por la airada reacción de la opinión pública.El compendio de normas perversas que, sin duda buscaba inmunizar a los congresistas frente a la acción de la Justicia, se incluyó mucho antes de la cesárea conciliatoria. Como la que proscribía los anónimos como fuente para abrir investigación a un congresista. Y que establecía que quien interpusiera una denuncia contra un padre de la patria, si esta no prosperaba, debía asumir las costas del proceso.Es aberrante que en un país en el que decenas de parlamentarios han ido a la cárcel por sus vínculos con las mafias del narcotráfico y del paramilitarismo o por simple corrupción, el Gobierno, en vez de contribuir a depurar el Legislativo y fortalecer los diques que impidan que ese tipo de personajes se cuelen al Congreso, cree leyes para debilitar esos controles. El mensaje que nos quisieron enviar es que la culpa de que tanto congresista haya terminado preso no es de sus comportamientos delictivos sino de la dureza de las leyes.La única explicación que tiene el Gobierno para haberse prestado a este diabólico amancebamiento, es el afán por la reelección que, sin duda, le ha entrado a Santos. Y que se refleja en medidas desesperadas como el de regalar 100.000 viviendas gratis. La única motivación que puede tener Santos para avalar el cúmulo de prebendas que nuestros legisladores se autoconcedieron es garantizar su respaldo para las elecciones del 2014.Paradójicamente, esta metida de patas es un golpe letal para la aspiración reeleccionista: por cuenta de la reforma la imagen del gobierno quedó muy lesionada ante la opinión pública. Y luego, al negar la paternidad de la criatura, cometió uno de los pocos pecados que los políticos y los mafiosos no perdonan: la deslealtad. Me temo que las heridas que dejó ese parto doloroso son tan profundas que no podrá cerrarlas ni la eutanasia que ayer le aplicaron a la criatura los indolentes padres.

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