El desdén con el Valle

Agosto 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Los responsables de la paupérrima representación que el Presidente le dio al Valle en su equipo de inmediatos colaboradores, más que el propio Santos somos nosotros, los vallecaucanos. Ante el cúmulo de compromisos que adquirió Santos para hacerse reelegir, era claro que nuestra clase dirigente debía montar una estrategia para hacer valer los 830.000 votos que el departamento puso a la causa reeleccionista. Pero no hubo tal estrategia. El empresariado se limitó a enviar una tímida carta en la que le pedía a Santos que se acordara del Valle en la repartición del gabinete. Me temo que el Presidente ni siquiera se acordó de leer la misiva.Y ni hablar de nuestro famoso bloque parlamentario (que parece un bloque pero de hielo, porque hace agua por todos lados). Nadie en ese variopinto colectivo, integrado por 20 congresistas, asumió el liderazgo de convocar a sus colegas y paisanos a conformar un frente común para exigirle al Presidente una participación en el gabinete acorde con la votación que la región aportó.Esa inacción de unos políticos que sólo luchan por sus intereses y para los cuales los problemas del Valle son terciarios, contrasta con la actitud asumida por sus colegas de la Costa Atlántica. Los parlamentarios costeños, sin importar su orientación política, se unieron para, insistentemente y en su propia cara y no a través de carticas, transmitirle al Mandatario el mensaje de que su reelección fue posible gracias a los votos que su región aportó a ese propósito. Y fieles a ese sabio proverbio del ‘que no llora no mama’, no tuvieron empacho en exigir el 40% de los ministerios.El resultado de la gestión de los congresistas costeños y de la inacción de sus pares vallecaucanos está a la vista: a la Costa le dieron cinco altos cargos y el Valle tuvo que conformarse con uno.La diferencia no es sólo cuantitativa. Los cinco puestos que recibió la Costa son absolutamente estratégicos y con generoso presupuesto: los Ministerios de Transporte, Comercio Exterior y Educación, además del Departamento de Prosperidad Social (maneja todo el programa social del Gobierno que vale más de $9 billones) y Colciencias (entidad que se volvió muy apetecida por los billones de la regalías que maneja). Entre tanto el Valle, no nos digamos mentiras, recibió un Ministerio secundón.Lo más desconcertante es que, a pesar de lo bien que les fue en el reparto del alto poder, los costeños quedaron furiosos porque aspiraban a más. E incluso se dieron el lujo de hacerle el desplante al Presidente de no asistir a un almuerzo al que los había invitado en el Palacio de Nariño. En cambio nuestros congresistas apenas se han hecho sentir frente a semejante maltrato. Que se quede callado Roy Barreras, que es tan dócil y servil con el poder (independientemente de quien lo ostente y mientras lo ostente) no extraña a nadie. Pero que los otros 18 congresistas que elegimos en marzo hagan lo mismo sí es imperdonable. Lo grave, más que el desdén con el que Santos nos trató, es lo que esta indiferencia refleja: que el Valle no tiene el suficiente peso político ni económico para hacerse sentir en los círculos del poder bogotanos. Realidad que la desunión y el egoísmo de nuestra clase dirigente no hace sino agudizar.P.D.: ¿De qué le sirve al Valle tener el Ministerio de Cultura si la cultura del Valle está más quebrada que nunca?

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