El cruzado

Mayo 06, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Algunos cargos parecen hechos a la medida de determinadas personas. Y hay personas que parecen destinadas a ejercer una particular responsabilidad en la vida. En apariencia esa es la simbiosis que existe entre la Procuraduría General de la Nación y su actual titular, Alejandro Ordóñez. Por su radicalismo religioso, Ordóñez parece sentirse una suerte de predestinado por el Creador para adelantar una cruzada moral. Y para limpiar la Sodoma y Gomorra en la que se ha convertido la actividad pública en Colombia, de tanto pecador que la ronda.En otras épocas ese determinismo podría resultar excesivo. Pero ante las dimensiones que ha cobrado el problema de la corrupción en el país, Ordóñez en verdad parece ser un enviado de Dios para ponerle coto a ese flagelo. Por sus obras los conoceréis. Y en el año y medio que lleva en el cargo, Ordóñez ha sancionado a más funcionarios que cualquiera de sus antecesores en toda su gestión.Piedad Córdoba, Juan Carlos Abadía, Bernardo Moreno, Sabas Pretelt, María del Pilar Hurtado, Samuel Moreno son algunos de los ‘pesos’ pesados de la política nacional que han sentido el rigor de las actuaciones de Ordóñez. Y, tengo entendido, que cada una de las decisiones que ha tomado tienen una sólida sustentación jurídica.Ha sido tan efectiva su tarea, que hasta le perdonamos la benevolencia con la que trató a los concejales de Cali que eligieron a un contralor que estaba evidentemente inhabilitado para ejercer el cargo. Lo que esperábamos la mayoría de los caleños es que Ordóñez les impusiera una sanción ejemplarizante por la forma desvergonzada en la que actuaron, con unos mezquinos cálculos políticos. Pero la suspensión que les impuso resultó apenas un pellizquito que estos personajes ni sintieron. Al punto de que uno de ellos, con la mayor desvergüenza, no ha acabado de cumplir el castigo cuando ya anda anunciando el lanzamiento de su candidatura a la Alcaldía de Cali. Lo que no es nada raro, porque ya siete colegas suyos andan en campaña para alcanzar la Alcaldía. Poco les importa que el Concejo sea la institución más desprestigiada de Cali. Y que sobre algunos de ellos pesen investigaciones disciplinarias y penales por oscuros asuntos que tienen que ver con supuestos pagos para aprobar acuerdos. O que otro de esos aspirantes tenga la fama de ser el que se encarga de cuadrar los más lucrativos negocios que se habrían hecho en esa corporación. La triste realidad es que las destituciones de las que han sido objeto alcaldes, gobernadores, concejales y todo tipo de funcionarios no han servido para disuadir a nuestra dirigencia pública a abandonar esas prácticas corruptas. Se han preocupado es de perfeccionarlas, para evitar que los pesquen. ¡Que tristeza!Con el fariseísmo que la caracteriza, la clase política pone el grito en el cielo cuando alguien dice que está tan generalizada la corrupción, que la excepción es que un funcionario sea honesto. Pero lo cierto es que cuando alguno de ellos resulta sancionado, monta en cólera pues se siente chivo expiatorio de esa podredumbre generalizada. ¿Si tantos roban por qué me la montan a mi?, es la reflexión que se hace el sancionado.Ante ese panorama, los colombianos debemos estar dichosos de que al frente de la Procuraduría esté un Torquemada, dispuesto a llevar al patíbulo de la muerte política a tanto ‘hereje’ que envilece la política nacional.

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