El costo de la paz

El costo de la paz

Abril 19, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

¿Irán o no a la cárcel los jefes de las Farc, en caso de que el proceso que el gobierno adelanta con esa guerrilla, culmine en un acuerdo de paz?Ese es el tema de debate, ahora que los negociadores comenzaron a abordar el segundo punto de la agenda, que es la participación política de las Farc. Paso que se da cuando los colombianos aún no tenemos la menor idea de lo que se acordó en el primer punto, el del tema agrario. Para comenzar, no me explico por qué el tema de la participación política de las Farc y de lo que pasará con sus jefes una vez se firme el acuerdo, si se firma, no fue el primer punto de la agenda. Porque si las Farc quieren imponer en el país su modelo económico lo que tienen que hacer es, una vez dejen las armas, convencer a los colombianos, a través de los canales democráticos, de que ese es el modelo que más nos conviene. La negociación, entonces, debía centrarse en la forma en la que las Farc se van a desmovilizar, en qué les va a conceder el Estado a cambio y en qué va a pasar con sus combatientes una vez dejen las armas.En eso hay que ser realista. No creo que unos tipos que llevan 60 años echando plomo y que tienen buenas razones para seguir en el monte, vayan a abandonar la violencia a cambio de 30 años de cárcel. Si los colombianos pretendemos que las Farc cesen la violencia, debemos estar dispuestos a que sus jefes no vayan a prisión. E incluso a que algunos de ellos participen en política. Ese sapo nos lo tenemos que tragar porque el fin de cualquier negociación entre el Estado y un grupo subversivo tiene que ser que los guerrilleros cambien las armas por los votos para buscar concretar sus ideales.Así ocurrió en el Salvador. Y en nuestro propio país, tras el proceso con el M-19, al cabo del cual el señor Antonio Navarro pasó del monte a ser candidato presidencial. Así nos duela, lo que tenemos que pensar no es en los crímenes que han cometido ‘Timochenko’, ‘Márquez’ y compañía sino en los que dejarán de cometer si logramos que abandonen las armas.Inaceptable sería, sí, que en La Habana se esté negociando el modelo de desarrollo. Ayer el presidente Santos anunció que en esa mesa no se están negociando aspectos como la propiedad privada o el modelo económico. Pero esa aseveración me recuerda a los anuncios que hacía el Ministro de Comunicaciones de Venezuela sobre la inminente recuperación de Chávez, cuando este ya estaba boqueando.Y es que el manejo chavista que el gobierno le ha dado a la información sobre los diálogos de paz ha sido nefasto para los diálogos mismos y para los colombianos. Entiendo que el Gobierno quiera evitar que se repita lo del Caguán, donde la negociación se convirtió en un espectáculo público. Pero se ha ido al otro extremo, porque una cosa es manejar la información y otra, no informar nada. Perfectamente se podría tener un mecanismo para dar cuenta del país de los avances de la negociación. La impresión que semejante sigilo produce es que tales avances no se han producido. Y eso no es bueno para el proceso. Además, el silencio del Gobierno ha dado pie para que sean las Farc las que terminaran manejando la información sobre el mismo.En fin, Es claro que lograr que las Farc dejen las armas tendrá un costo. Lo que no significa que ese objetivo se pueda conseguir a cualquier costo.Otra cosa: Aura Lucía Mera y Julio César Londoño me ahorraron el trabajo de escribir sobre Roy Barreras. Adhiero plenamente a la lúcida descripción que hicieron de este prócer vallecaucano.

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