El acoso de Ubeimar

El acoso de Ubeimar

Febrero 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Con la misma mano con la que condecorará hoy, día del periodista, a los reporteros que se han destacado en el cumplimiento de su deber (bajo la óptica sesgada que del oficio tienen los políticos), el gobernador Ubeimar Delgado acaba de firmar un documento que es un claro intento de castigar la opinión de uno de los más destacados comunicadores de la región.Se trata de una tutela que impetró en contra del escritor Julio César Londoño y con la cual pretende no sólo que éste rectifique una opinión sino además que un juez le ordene al columnista abstenerse “de proferir por medio escrito, internet u otro medio de comunicación, afirmaciones tendientes a dañar el buen nombre, la honra y la imagen pública del doctor Ubeimar Delgado Blandón”. Lo que en cristiano está pidiendo nuestro flamante gobernador es que se le prohiba a Londoño la posibilidad de criticarlo. ¿Y qué motivó el acoso judicial al que el gobernador Delgado está sometiendo a Londoño? Que Julio César cometió el ‘horrible delito’ de opinar lo mismo que creen muchos vallecaucanos: que la gobernación de Ubeimar ha sido floja. Y para mayor ‘sevicia’ lo expresó en su columna de opinión.En su escrito, Julio osó decir que “Ubeimar revolcó su gabinete por enésima vez” y que “El Gobernador puede nombrar sus secretarios como le plazca. Pero removerlos con tanta frecuencia es un irrespeto hacia ellos y un atentado criminal al departamento”.Este tipo de señalamientos ofendieron a Ubeimar, quien desde que está en la Gobernación ha asumido una actitud cuasi imperial y se ha vuelto intolerante a las críticas. Con lo cual no es raro que le haya exigido una rectificación “inmediata” a Julio César.El columnista, obviamente, no rectificó. Por la sencilla razón de que las opiniones no son rectificables. Se puede rectificar una información que se base en hechos objetivos, pero echar para atrás algo tan subjetivo como lo que piensa, no lo hace una persona seria, de buenas a primeras. Si a Julio César le parece que Ubeimar es un pésimo gobernador, no hay poder en el mundo que le haga rectificar esa percepción. Podría cambiarla si el Gobernador con sus actuaciones demuestra que está haciendo las cosas bien. Pero ese cambio no se logra con demandas sino con obras.Como no hubo rectificación, Ubeimar impetró la tutela buscando reivindicar el buen nombre que, en su concepto, le vulneraron. Cosa que, a mi modo de ver, jamás ocurrió. Es posible que, en su afán de enfatizar sus puntos de vista, el columnista haya usado expresiones demasiado crudas. Pero de allí a que le haya vulnerado el buen nombre al Gobernador hay mucho trecho. Ubeimar se equivocó flagrantemente al judicializar este asunto. Un gobernante demócrata en lugar de llevar a esas instancias un cuestionamiento, procura demostrarle al crítico, no con amenazas sino con argumentos, que está equivocado en sus apreciaciones. Y pide al medio que publicó esas críticas un espacio para dar su versión, con el fin de que sea el lector el que juzgue quién tiene la razón. Y punto.Esa intimidación judicial habla muy mal del talante democrático de un gobernante. Con lo cual, así el juez le dé la razón a Ubeimar, en este enojoso episodio él ya es el gran perdedor.

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