El 8.000, segundo tiempo

El 8.000, segundo tiempo

Noviembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El primer tiempo del Proceso 8.000 fue funesto para el Valle del Cauca y para Cali. Buena parte de nuestra clase dirigente, entre ellos varias de las más promisorias figuras de la política local, terminó presa y vio truncadas sus carreras políticas, por haberse dejado apadrinar de la mafia. Congresistas, ministros, gobernadores, alcaldes, concejales... la cuenta de quienes quedaron prematuramente desahuciados. Lo triste es que nuestra clase política no aprendió la lección de semejante tsunami. Y años después muchos de nuestros ‘padres de la patria’ siguen en las mismas andanzas que llevaron a la perdición a toda una generación de nuestra dirigencia.Muchas de esas prácticas hoy son patrocinadas por personajes que fueron protagonistas de primera línea del 8.000 y las materializan tras bambalinas, desde los micrófonos de la radio disfrazados de periodistas o a través de sus herederos políticos. No exagero. En el Valle hay en marcha una conspiración cuyo propósito es el mismo que tuvieron los mafiosos hace quince años: adueñarse del Estado, con el fin de usarlo para su beneficio. Lo hacen con los mismos procedimientos de los 90, pero perfeccionados por años de trapisondas y entuertos. Como ocurrió tres lustros atrás, el combustible para alimentar esa monstruosa máquina corruptora y depredadora es el dinero. Mucho dinero. Y por eso, cada vez que hay elecciones en el Valle -como manifestó en la última campaña el hoy Ministro del Interior- corren ríos de plata. Lo más grave es que esos recursos ya no salen de las mafias, sino de su bolsillo y del mío, amigo lector. Porque el nuevo cartel ya se adueñó de las pocas instituciones estatales de la región que aún son rentables. Y de allí, vía cuantiosos contratos bien blindados y justificados, como muchos que se han firmado en los últimos tiempos contra viento y marea, sacan los recursos que luego usan para comprar los cargos de elección popular. Ya no requieren dineros calientes, porque ellos crearon su propia mafia, que se alimenta con recursos del Estado. Al inicio de este segundo tiempo, cometieron el mismo error en el que incurrieron cuando arrancaba el 8.000: pretendieron figurar ellos mismos, pero luego entendieron que hay apellidos que no se olvidan y rostros que no se pueden lavar y ahora urden sus estrategias en la clandestinidad y ponen a figurar a personas en apariencia honorables, que no generen la resistencia que ellos suscitan. Las elecciones del 23 de enero, que son mucho más estratégicas de lo que cree la mayoría de los vallecaucanos, servirán, entre otras cosas, para saber quién forma parte de esa conspiración y quién se la va a jugar por devolverle la dignidad al Valle. Y lo que más me aterra (a mí también, apreciado Julio César) es ver a algunos dirigentes que uno tenía en el mejor de los conceptos militando en el bando equivocado. ¿Es imposible detener la conspiración del segundo 8.000? Quienes la pusieron en marcha creen que no. En manos de los vallecaucanos está demostrar que sí. Y ese 23 de enero, y perdónenme lo reiterativo, es una ocasión formidable para mostrar que no queremos más ochomiles.

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