Diplomacia goleadora

Junio 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

En la relación costo beneficio, el sector que más caro le sale al de por sí derrochón Estado colombiano es el cuerpo diplomático. Ese ejército de embajadores, cónsules y agregados de toda índole cuesta una millonada. Y en términos prácticos sirve para muy poco. Entre otras razones, porque aquí la diplomacia no es una carrera sino una gabela y la inmensa mayoría de nuestros embajadores no llega a sus cargos por sus méritos sino por su poder político o sus palancas. Las embajadas son un premio de consolación para los políticos ‘quemados’, una idílica jubilación para caciques en trance de retiro o un regalo para un buen amigo del Mandatario de turno. Muchos de nuestros diplomáticos desconocen la realidad y las complejidades del país al que son destinados. Y ni siquiera hablan la lengua local. Por eso pasan por sus cargos sin pena ni gloria. Excepciones hay, pero pocas. Ante la pobreza de nuestra diplomacia, les ha tocado representar al país a nuestros cantantes, escritores, pintores, ciclistas y, en especial, a los futbolistas.Ignoro quién será nuestro embajador en Estambul, ciudad de la que acabo de regresar. No sé, siquiera, si tenemos representación diplomática allá. Lo que sí sé es que a los sitios que visité y dije que era colombiano de inmediato me contestaban con el dedo pulgar hacia arriba: “ah, Falcao”, “James” o “Cuadrado”. Así me sucedió, por ejemplo, en el maravilloso Bazar de las Especias en donde pude entenderme con un turco que no entendía ni jota de español, gracias a su admiración por James. Y de paso me hizo descuentos en un curry hindú y en un azafrán que adquirí. ¡Ningún diplomático nacional, a quien contribuyo a sostener con el pago de mis impuestos, ha hecho algo ni parecido por mi! Días más tarde, en un paradero de bus en las Ramblas de Barcelona, me tocó escuchar una argumentada discusión entre dos chicos acerca de cuál jugador es mejor entre Messi y James, ninguno de los dos era argentino o colombiano. Eran más catalanes que la Sagrada Familia, y admiradores del buen fútbol, según me explicaron cuando los interpelé. Ya de regreso, tuve la oportunidad de ver en un noticiero de Tv. el encuentro entre James y un niño que lo esperaba a la entrada del hotel en el que se aloja la Selección en Chile. El pelado llamó a la estrella cuando esta se bajó del bus. James no tuvo problemas en ir a abrazarlo y regalarle su camiseta. Nunca he visto a ningún embajador hacer algo así. Claro que a nadie se le ocurriría pedirle prenda alguna a un rollizo diplomático. Y es que esta generación de futbolistas criollos se diferencia de las anteriores en que además de excelentes deportistas son buenas personas. Con lo cual, el aporte que le hacen a la imagen del país es aún mayor. Por ello, en vez de pensar en nuevas reformas tributarias para subsanar el déficit de las arcas públicas, el Gobierno debía pegarle una buena poda al cuerpo diplomático y nombrar embajadores ‘ad honorem’ a nuestros cracks.El más adecuado para asumir la embajada en España es el 10 del Madrid; en Londres podrían nombrar a Falcao; para Estambul propongo a Pedro Franco; a Buenos Aires podría llegar Teo Gutiérrez; en Portugal quedaríamos muy bien representados por Chachachá Martínez.En fin, estoy seguro de que los futbolistas con sus goles y gambetas hacen mucho más por nuestro país que todo el servicio diplomático con sus cocteles, su arcaico protocolo y sus lagarterías.

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