De Uber a Gutenberg

De Uber a Gutenberg

Marzo 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

La lucha contra cualquier invento que aporte algún beneficio para la gente suele resultar estéril. El mejor ejemplo de esa verdad es lo que ocurrió cuando Juan Gutenberg inventó la imprenta. Hasta que a este alemán se le ocurrió esa maravillosa idea, en el Siglo XV, los libros se hacían a mano, lo que restringía su lectura a los pocos que pudieran pagar esas obras de arte. Por supuesto, hacer libros era el negociazo.Pero apareció Gutenberg con su invento y puso en peligro la gallina de los huevos de oro. Con el fin de salvarla, ensayaron de todo, hasta calificar de brujo a Gutenberg. Al final el esfuerzo resultó inútil porque el alemán pudo imprimir 50 biblias idénticas, con lo cual su invento se popularizó y llegó hasta nuestros días. No pretendo comparar la imprenta de Gutenberg con Uber. Pero ambos inventos tienen dos cosas en común: que transformaron un mercado y que por ello fueron objeto de persecución.Aclaro que no pretendo defender a Uber como empresa sino la plataforma que inventaron para que la gente pueda conseguir transporte. Plataforma que, por demás, ya manejan otras empresas como Las Águilas y adoptarán muchas más en el futuro.Tal plataforma cambió este servicio. Antes, para conseguir un taxi uno tenía que llamar por teléfono, esperar horas a que le contestaran y otras varias para que el vehículo llegara. Y si uno se aventuraba a conseguir un carro en la calle, debía someterse a varios martirios. Primero, hallar un carro libre. Segundo, que al chofer le diera la gana de ir a donde uno iba. Y tercero, exponerse a que el chofer fuera un delincuente disfrazado de taxista y lo sometiera al paseo millonario. Nada de eso ocurre en Uber, que, a través de una aplicación que se descarga en el celular, da la posibilidad de que uno pida el servicio y al instante le dicen qué carro lo recogerá, con qué placas, qué conductor y cuánto tardará. Y además muestra por dónde va.Pero el beneficio no es solo en la recogida. Donde verdaderamente se ve la diferencia es en el viaje. En un taxi uno debe aguantarse un señor que maneja a las patadas, que no prende el aire acondicionado, si es que lo tiene, y pone SU música a todo volumen. Y que al momento del pago nunca tiene vueltas. Esto tampoco sucede en Uber, porque al usuario le descuentan de la tarjeta de crédito el valor del servicio.Por eso, el 99,9% de los clientes de Uber, que antes usaban taxi, están felices. Y poco les importa que las autoridades digan que ese servicio es ilegal. (Yo los entiendo porque he usado ambos servicios y sentí la diferencia).A los taxistas les notifico que no hay pataleta que valga. Y en lugar de hacer peticiones tan estrambóticas como que bloqueen esa aplicación, deben asumir que la única forma de sobrevivir a esta revolución es compitiendo con calidad.Lo que corresponde, entonces, es que le pongan aire al carro, que manejen y se vistan decentemente (no más bermudas ni camisetas esqueleto), que dejen que el cliente escoja la música y que luchen para que en las empresas con que trabajan pongan una plataforma para poder pagar con tarjeta. De hecho, muchos taxistas inteligentes ya están en ese plan y estoy seguro de que los clientes no les faltan.El gobierno, a su turno, debe actuar con realismo y definir cómo regula un servicio que el usuario quiere tener. No lo duden: el servicio de transporte público individual cambió. Querer reversar eso es como buscar que los libros vuelvan escribirse a mano.

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