De narcos a estadistas

Diciembre 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Así ahora el presidente Santos lo niegue, hay síntomas claros de que el Gobierno está contemplando volver al narcotráfico un delito conexo al delito político, como una salida para indultar o amnistiar a los jefes guerrilleros, tras la firma de un eventual proceso de paz.En varias declaraciones públicas Santos ha tirado globos en ese sentido. Por ejemplo, en entrevista que días atrás concedió a un diario bogotano, el Presidente afirmó que en aras de la paz era preciso ampliar el concepto de delito político. Más claro no canta un gallo. La propuesta, por supuesto, ha generado una enorme polémica en Colombia, país que, quizás, ha sido el más golpeado del mundo por ese flagelo.Y entonces exmagistrados, exministros y abogados de todo pelambre, se han sumido en una discusión plagada de referencias a incisos y capítulos, acerca de la viabilidad jurídica de darle tal categoría al narcotráfico. Pero resulta que este no es un problema legal sino moral. Es una afrenta siquiera pensar que en un país en la que miles de personas han dado su vida en una guerra interminable contra el narcotráfico se resuelva, de buenas a primeras, que ese crimen ahora tiene un estatus político. Puede que jurídicamente no se pretenda eso, porque como dice el exmagistrado Carlos Gaviria, “que el narcotráfico tenga conexidad con el delito político, no significa que el narcotráfico sea un delito político. (...) no es que un narco vaya a ser declarado delincuente político, sino que los rebeldes que hayan incurrido en narcotráfico pueden ser juzgados por rebelión y por narcotráfico como delitos conexos”. Pero ocurre que los colombianos de a pie, que no saben de códigos ni de incisos, no van a entender esas sutilezas jurídicas. Y para el imaginario colectivo va a quedar que el narcotráfico se volvió un crimen político. Y eso, simplemente no puede ocurrir. Es, casi como si los alemanes, tras la Segunda Guerra Mundial, hubieran vuelto el exterminio de judíos un delito político. ¿Qué sentirán, por ejemplo, ante esa posibilidad los familiares de los 107 pasajeros del avión de Avianca que el narcotraficante Pablo Escobar hizo estallar en mil pedazos? ¿Será que ahora les tendremos que decir que Escobar era un estadista y que ese atentado era un acto de proselitismo? Dar ese paso sería un verdadero atentado contra la memoria histórica de este país.Insisto, la paz no puede alcanzarse a cualquier costo. Y ni el gobierno ni la guerrilla pueden pretender que a los comandantes esta les salga gratis. Porque, además de repugnante, la posibilidad de darle conexidad al narcotráfico es inútil, pues si lo que se pretende es amnistiar a ‘Timochenko’, ‘Márquez’ y compañía, la Corte Penal Internacional acaba de reiterar que no se puede aplicar el perdón y olvido a los responsables de delitos de lesa humanidad. A lo que pueden aspirar los jefes de las Farc es a una justicia transicional, que, en aras de la paz, los trate con benevolencia y les evite estar en la cárcel 40 años, que es la sanción que se merecen por los crímenes cometidos. En pro de la paz, la sociedad colombiana está dispuesta a hacerles pasito. Pero salir libres de polvo y paja no lo pueden pretender. Ese beneficio no se los va otorgar ni el país ni la comunidad internacional. Y menos cometiendo la monstruosidad de ‘lavar’ un delito como el narcotráfico, que tanto dolor ha causado en Colombia.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad