Costosa ‘cementitis’

Agosto 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Los mandatarios regionales cogieron la costumbre de hacer obras al debe. Mejor dicho, de hacer obras hoy con la plata que, Dios mediante, entrará a las arcas de los entes territoriales mañana.¿Y por qué les fascinan a los gobernantes las famosas vigencias futuras? Porque les permite ganarse los méritos de realizaciones que pagarán sus sucesores. Una belleza. El primero en dejarse seducir por las famosas vigencias futuras fue el intrépido Juan Carlos Abadía, quien, con la complicidad de la Asamblea, embarcó al Departamento en una deuda de $600.000 millones, que los vallecaucanos tendremos que pagar durante más doce años. Y lo que es peor, para hacer un puñado de obritas.Detrás de esa ‘generosidad’, financiada con plata ajena, estaba el clarísimo propósito de Abadía de conseguir el apoyo de los alcaldes, y de sus gobernados, para sus amigos en los comicios regionales del año entrante. Sin duda, uno de las primeras misiones que debe emprender Francisco Lourido debe ser buscar la forma de desmontar esas perversas vigencias, que de todas formas tienen poco futuro porque no parece haber ningún banco dispuesto a financiarlas.El alcalde Ospina, que procura marcar tanta distancia con los procederes de Abadía, pero que más de una vez ha incurrido en estropicios muy similares a los que cometió el ex gobernador, también cayó en tentación de tener sus propias vigencias futuras.Para ser justos, hay que decir que una cosa son las vigencias de Abadía y otra muy diferentes las de Ospina: las del Municipio ascienden a $210.000 millones, es decir la tercera parte de las que hizo aprobar el destituido Gobernador. Además, aquí la mayoría de la plata no se va atomizar en mil obritas sino que se destinará a terminar de financiar el sistema de transporte de Cali, que sin duda, es la obra más importante de la ciudad. Pero las vigencias que acaba de aprobar el Concejo también tienen sus peros. Se justifican, como ya dije, los $156.395 millones que se destinarán para el sistema de transporte, fundamentalmente para compensar el menor recaudo en la sobretasa a la gasolina. Tengo dudas sobre los $32.524 millones que se gastarán en la reparación de 22 escuelas. Y no porque crea que esté mal reparar esos establecimientos, sino porque me parece que esas obras se debían financiar con recursos propios del Municipio, que se despilfarran en embelecos como los famosos guardas cívicos, que le valen a la ciudad $20.000 millones al año.Lo que me parece escandaloso es que se vayan a despilfarrar $21.632 millones de nuestros impuestos para la readecuación del estadio Pascual Guerrero. Amarrar por tres años parte de los tributos que pagamos los caleños en la remodelación de un estadio, con las necesidades sociales que tiene esta ciudad, es casi un crimen.Tienen toda la razón Rodrigo Guerrero y Nelson Garcés cuando dicen que durante esta administración ya se ha “invertido mucho en cemento” y que “es hora de hacer inversión social”.Pero parece que al Concejo, que aprobó con una celeridad inusual esa iniciativa, y al Gobierno Local les importa un comino esa forma tan deportiva de gastarse hoy la plata que los caleños pagaremos mañana.

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