¿Condenados a la violencia?

Julio 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Parálisis por análisis. Ese parece ser el síndrome que afecta a las autoridades caleñas que deben enfrentar la violencia que padece la ciudad.Y no es que no se esté haciendo nada para combatir esa violencia. Al contrario, se está haciendo mucho. Para comenzar, más de la mitad del presupuesto del Municipio en los próximos cuatro años se destinará a inversión social, que busca combatir lo que llaman ‘las causas objetivas’ de la violencia, es decir, desempleo, desescolarización, violencia intrafamiliar, desocupación de los jóvenes, etc.La Policía también hace lo suyo. Se aumentó el número de cámaras de vigilancia, se reforzó el pie de fuerza en las comunas más violentas, se hizo un mapa de los puntos más críticos para reforzar la vigilancia en ellos...Este esfuerzo se ha traducido en que, al menos, la tendencia a la disminución de las muertes violentas no se ha revertido. Aunque, a decir verdad, no se ha avanzado mucho. Y muchos de los delitos de alto impacto como el robo callejero aumentaron.Pero lo cierto es que no se ve una mejoría significativa en la seguridad de la ciudad. Y creo que, en buena parte, ello ocurre debido a la actitud fatalista que las autoridades asumieron frente a esa violencia. Como si se hubieran resignado a que somos violentos y que a lo máximo que podemos aspirar es a que la cosa no empeore o, en el mejor de los casos, a que mejore un poquito.Esa, al menos, fue la sensación que me quedó tras escuchar al Alcalde, al Comandante de la Policía, a la Secretaria de Gobierno y demás personajes que asistieron a la mesa redonda que sobre el tema de la seguridad convocó este diario. Buena parte del encuentro se dedicó a analizar por qué la ciudad es tan violenta. Y las explicaciones abundaron: que el microtráfico, que la falta de oportunidad a los jóvenes, que la masiva inmigración, la desintegración de las familias, que la pérdida de respeto por la autoridad, que el desempleo. Si bien es cierto que todos esos disparadores de la violencia existen, también lo es que están presentes en ciudades como Bogotá y Medellín que, a pesar de ellos, disminuyeron los homicidios de forma categórica. En Bogotá, el índice está en 17 por cada 100.000 habitantes y en Medellín, en 23 por 100.000 habitantes. Mientras en Cali seguimos en 57 por 100.000 y andamos desesperados para que no se nos suba. Me resisto a creer que esos logros se deban únicamente a que allá se invierte más en seguridad que acá.Hay que cambiar el chip y en lugar de andar buscando explicaciones a la violencia, se debe tomar la determinación inclaudicable de volver a Cali una ciudad segura. Para eso se requiere un plan de choque a fondo, que cuente con el apoyo de la Nación y de todos los caleños. Qué bueno sería que el Gobierno Municipal se fijara la meta de que al fin de su período el índice de muertes violentas llegue, al menos a lo que está hoy en Medellín. Y encaminar todos los recursos al cumplimento de ese objetivo, con estrategias medibles.El primer paso en ese camino podría ser dividir la actual Secretaría de Gobierno en Seguridad y Convivencia, para que haya una dependencia del Municipio concentrada 100% en implementar estrategias de seguridad.Parece una propuesta simplista, pero estoy convencido de que si dejamos de conformarnos con que cada año haya diez asesinatos menos y nos fijamos metas ambiciosas, los resultados en ese campo serán mucho mejores.Sigue en Twitter @dimartillo

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