Cáncer de la democracia

Octubre 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“Los mayores enemigos de la democracia son la miseria y la ignorancia. Y los políticos nunca los van a combatir en serio porque es mucho más fácil hacerse elegir de un electorado ignorante y pobre que de uno culto y sin hambre”.De las muchas verdades que dijo Fernando Savater durante su intervención en la ceremonia de entrega de los premios de periodismo Simón Bolívar, la que más me impactó fue esa. Por lo simple y por lo cierta. Pero, sobretodo, porque explica muy bien por qué en este país tanto inepto y tanto bandido ha resultado elegido para los más diversos cargos. La verdad es que en la mayoría de las ocasiones los electores colombianos se equivocan y eligen a la persona menos apta para desempeñar el cargo que está en juego. Y en Cali y el Valle si que hemos tenido ejemplos de ello. Pero lo que mejor refleja esa realidad es lo ocurrido en Bogotá en las dos últimas elecciones para la Alcaldía. En el 2007, los bogotanos tuvieron la oportunidad de elegir a Enrique Peñalosa, quien ya había sido Alcalde y había demostrado su capacidad para administrar la ciudad, al punto de que en los tres años que estuvo en el cargo la transformó de una ciudad invivible a un modelo urbano a nivel latinoamericano. Su rival era Samuel Moreno, quien carecía de toda experiencia administrativa y no tenía el menor conocimiento de la capital. Pero además poseía un pasado como congresista bastante gris. En lo único que Moreno ganaba era en la pinta, atributo que poco suele contribuir para gobernar a una ciudad. Pues ocurrió que los bogotanos, y con una votación récord, eligieron la peor opción, con el lógico resultado de que esa administración resultó un desastre: Moreno terminó en la cárcel y la ciudad, destruida.En los comicios de cuatro años después a los bogotanos se les presentó una ecuación bastante similar. En el partidor estaban una vez más Peñalosa, con todo su ‘know how’ y Gustavo Petro que compartía varios de los defectos de Moreno y ni siquiera tenía la buena facha de ‘Sammy’. Y resulta que, una vez más, los bogotanos escogieron mal, como lo están demostrando las sucesivas metidas de pata de Petro.Y si eso acontece en Bogotá, en donde se supone que está la gente más culta y con mayores ingresos de Colombia, qué no ocurrirá en el resto del país. En realidad no hay que ser un genio para establecer qué acontece. En la gran mayoría de nuestras poblaciones las elecciones las ganan los que tienen más billete. En esas localidades, como dice Savater, la gente tiene tantas necesidades como escasos conocimientos, por lo cual a cambio de su voto prefiere obtener unas tejas para tapar su rancho que darle un buen gobernante a su Municipio. Por ello no es casualidad que cada cuatrienio, la cuarta parte de los alcaldes elegidos terminen presos o destituidos. Aunque suene políticamente incorrecto decirlo, la verdad es que el desborde de la democracia que ha vivido el país en las últimas tres décadas ha traído más problemas que beneficios.Y ha sido una gran irresponsabilidad, disfrazada de patriotismo, que nuestra clase política haya puesto en manos de un electorado tan vulnerable decisiones cruciales para el desarrollo del país, sin antes ayudarlo a salir de la ignorancia y de la pobreza. Como dice el mismo Savater, citando a Samuel J. Johnson, “el patriotismo es el último refugio de los bribones”. Y nuestra política está llena de bribones.

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