¿Cali, otra Armero?

¿Cali, otra Armero?

Abril 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Los habitantes de Armero, la población tolimense borrada del mapa en 1985 por una avalancha del río Lagunilla, conocían el riesgo que corrían.Ellos sabían que un deshielo del volcán nevado del Ruiz podría convertir ese río, que nacía en las estribaciones de la montaña, en un avalancha asesina. Incluso, horas antes de la catástrofe, varios organismos de socorro alertaron que el volcán había hecho erupción, que había causado un enorme deshielo y que la crecida del Lagunilla era inminente. Pero nadie en esa próspera población creyó que semejante apocalipsis fuera posible y muy pocos salieron de sus casas. Resultado: 25.000 muertos.Esta tragedia anunciada me viene a la memoria a raíz de lo que ocurre con el jarillón construido para proteger a Cali de una creciente del río Cauca. Como ha explicado la serie periodística que El País viene publicando, ese dique, levantado en los años 50, está en grave riesgo de colapsar, en especial debido a las 6.000 familias que se han asentado sobre él. Y que han metido tubos y han hecho toda clase de obras que han debilitado el jarillón. Detrás de esa avalancha humana llegaron las hormigas arrieras, que también han socavado la estructura.Total, en los 17 kilómetros lineales que tiene el dique hay varios puntos fracturados, que podrían colapsar con una creciente del Cauca. El riesgo en el inmediato futuro será mayor porque a todo fenómeno de El Niño, como el que padecemos, lo suele suceder una Niña, que implica un incremento exponencial de las lluvias. Con el consecuente aumento del caudal de los ríos. Es real: una creciente del Cauca, provocada por la intensificación de las lluvias, puede romper el jarillón. Y si eso ocurre, se inundaría todo el oriente de Cali, afectando a unas 900.000 personas. Los expertos calculan que el agua llegaría hasta la Carrera Octava con Calle 25 y provocaría una emergencia sanitaria sin precedentes.Este panorama apocalíptico no es ciencia ficción. Puede ocurrir, así muchos caleños, incluidos buena parte de los habitantes del jarillón, no lo crean. Por fortuna, hace rato el Municipio diseñó un plan para reforzar el dique. E incluso ya aseguró el billón de pesos que se requieren. Pero para ejecutar la obra es imprescindible desalojar a las familias que hoy habitan en el sector.Misión nada fácil, entre otras cosas, porque políticos de todas las pelambres se han dedicado a pregonar que eso de que el jarillón puede colapsar es un cuento para sacarlos de ahí. Muchos de los invasores del jarillón se han pinchado y no les sirve la alternativa que el Municipio les ofrece: unos apartamentos nuevos que muchos caleños se morirían por tener. Los que más ‘peros’ ponen son los dueños de negocios asentados ahí, marraneras, fábricas y hasta lagos de pesca, que pretenden que se les reconozcan esas ‘mejoras’ que tasan en una millonada. Lo que por supuesto, la Administración no está en capacidad de hacer.Coincido con sociólogos, sicólogos y demás ‘logos’ en que al tema hay que darle una solución concertada. Pero la concertación no puede ser eterna, hay que ponerle plazo. Vencido el cual, el jarillón debe ser evacuado sí o sí. No puede ser que por el capricho y la ambición de unos cuantos, azuzados por políticos irresponsables, 900.000 caleños terminen bajo el agua. Estamos avisados, como lo estaban los armeritas. ¿Podremos evitar esa tragedia o Cali será una versión ampliada de lo ocurrido en Armero?

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