Bígamos electorales

Bígamos electorales

Agosto 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Un senador del partido verde es el principal sostén del candidato a la Alcaldía del partido de la U; la mitad de la dirigencia liberal respalda la aspiración a la gobernación de Dilian Francisca Toro, también de la U; El candidato a la gobernación del Valle por la Alianza Verde al momento de su proclamación era directivo del Polo Democrático. Y faltan datos de muchos municipios. Este es el relajo que impera en la política del Valle y que demuestra que a pesar de los esfuerzos que se han hecho por fortalecer los partidos políticos, nadie los respeta. Y es que aquí no existen partidos sino “organizaciones”, como las llama Roy Barreras, que se la pasan buscando el sol que más calienta y para las cuales la militancia partidista y la fidelidad no tienen la menor importancia. (EJ: Milton Castrillón godo de toda la vida, ahora está en Cambio Radical.)Claro que el problema nace de que los partidos carecen de ideología. En su mayoría son “organizaciones” caudillistas que surgen cuando el caudillo brilla y se apagan cuando le llega el ocaso al ‘jefe’. O que alguien me diga qué postulados defienden Cambio Radical, la U, Opción Ciudadana y la Alianza Verde. Incluso los partidos Conservador y Liberal. Y hasta el Polo, que dice ser de izquierda pero que no tuvo reparos para recibir en su seno a los Moreno que tienen de izquierdistas lo que yo de astronauta. El caso más patético es el del Partido de la U, creado para defender las ideas de Álvaro Uribe al punto que deriva su nombre de la primera letra del apellido del expresidente, y cuando Uribe dejó el poder su militancia se fue corriendo a respaldar a quien ahora tiene la sartén por el mango. Por el Oportunismo que distingue a sus integrantes le debían rebautizar como el Partido de la O. La ley establece duras sanciones para la doble militancia, que no es otra cosa que pertenecer a un partido y apoyar a los candidatos de otro. Pero estas no parecen asustar a nadie. Prueba de ello es que Jorge Iván Ospina, aparente cabeza de la Alianza Verde en el Valle, es el principal telonero de Angelino Garzón, el flamante aspirante de Roy y de la U. Su justificación es que las directivas del partido dejaron en libertad a sus militantes de apoyar a quien quisieran. Olvida el exalcalde que la ley está por encima de la voluntad de unos dirigentes. Y la ley es clara en que lo que está haciendo Ospina se llama doble militancia y es castigado con la pérdida de la investidura. Pero Ospina dirá que si no ha sido sancionado a pesar de tener 37 investigaciones en la Procuraduría, menos le van a castigar su bigamia política.Él, al menos, no es bígamo vergonzante. Decenas de dirigentes por debajo de cuerda apoyan a candidatos de colectividades diferentes a la suya. Sobre ellos también debe caer el peso de la ley.En Colombia no podemos aspirar a tener una política seria, mientras no tengamos partidos y mientras la política se mueva en torno de nombres y no de ideas. En las democracias maduras la gente vota por un partido, independiente de quien sea el candidato. Por eso, el elector tiene la certeza hacia dónde irá el gobierno que dirigirá el escogido.Aquí, la fragilidad de los partidos genera distorsiones como que alguien sea elegido con unas ideas y gobierne con otras. Y que reine el síndrome de Adán: los gobernantes creen que están en el primer día de la creación y sepultan todo lo que hizo su antecesor. Por ello no es raro que siempre estemos dando un paso para adelante y dos para atrás.

VER COMENTARIOS
Columnistas