Aterrizaje forzoso

Octubre 19, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Lo ocurrido ayer en Oslo nos da la razón a quienes hemos manifestado nuestro total escepticismo sobre este proceso de paz con las Farc, desde el mismo momento en que este se dio a conocer.El pendenciero discurso de ‘Iván Márquez’ tomó por sorpresa a muchos, en especial a los delegados del Gobierno, quienes de seguro esperaban que el Jefe guerrillero tuviera algunas palabras cordiales y de reconocimiento al presidente Santos por el esfuerzo que ha emprendido. Vaya ingenuidad.En lugar de eso ‘Márquez’ hizo una amañada descripción de la realidad nacional según la cual todo en el país es un desastre, salvo los esfuerzos filantrópicos de la guerrilla por defender los intereses de “ese pueblo fiel”. No mencionó, por supuesto, ‘Márquez’ que esa fidelidad hacia las Farc la profesa menos del 2% de la población colombiana.A quienes no sorprendió esa intervención beligerante y sesgada es a los que no creemos en las Farc y no esperamos nada bueno de ellas. Y a quienes consideramos que más que la paz, lo que las Farc están buscando es rencauchar su deteriorada imagen ante el mundo.Y me temo que el Gobierno, en su inmensa ingenuidad, y por sus afanes políticos, les puso a los guerrilleros esa posibilidad en bandeja de plata.De seguro fueron las Farc quienes propusieron que la instalación de estas negociaciones se hiciera en esos lejanos países escandinavos donde se desconoce por completo la realidad colombiana y las Farc aún son vistas como un movimiento conformado por unos filántropos que se han visto obligados a empuñar las armas para salvar al país.A esos escandinavos ingenuos y una Europa que nunca ha acabado de entender la realidad nacional, a pesar de que buena parte de ella ha padecido los estragos del terrorismo, iba dirigida la falaz intervención de ‘Márquez’.Mejor dicho, el Gobierno le hizo el inmenso favor a las Farc de darle el espacio propicio para comenzar a lavar su imagen. Y por lo ocurrido ayer se puede intuir que este proceso va a terminar convirtiéndose en una gigantesca operación de lavado de imagen de las Farc.Del discurso de Márquez uno puede intuir la estrategia fariana: sus pretensiones son tan incumplibles y su actitud negociadora tan inflexible que, al cabo de unos meses, el Gobierno, presionado por la agenda electoral y ante el nulo avance de las conversaciones, se va a ver obligado a levantar los diálogos. Y entonces, ante la comunidad internacional ellos, las Farc, quedarán como los buenos que quisieron promover un radical cambio en la sociedad colombiana y el malo será el Gobierno que no quiso acometer ese cambio.El Gobierno quedó notificado con quién está negociando. Con su discurso, ‘Márquez’ le propinó la primera puñalada trapera de las muchas que intentará clavar a lo largo de este proceso. La jugada ladina de las Farc logró perturbar hasta al estoico Humberto de la Calle, quien en su tono greco caldense, había pintado un panorama idílico en su intervención inicial, y sin poder ocultar su molestia se limitó a advertir que “El Gobierno no es rehén de este proceso”.La arriesgada apuesta de Santos comenzó muy mal. Y por el desayuno uno sabe como va a ser el almuerzo.Lo único bueno que dejó este primer capítulo del proceso es que sirvió para aterrizar las expectativas de quienes soñaban con que la paz estaba a la vuelta de la esquina.

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