Angelino de la guarda

Agosto 06, 2010 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

En el Valle del Cauca, buena parte de las expectativas por el gobierno que se posesiona mañana se centran en la tarea que podrá cumplir por la región el vicepresidente Angelino Garzón.Sin duda, para el Valle será bueno tener hablándole al oído del Presidente a una persona que conoce a fondo la realidad del Departamento. Pero en mi sentir, el servicio más importante que Angelino nos puede prestar no es convertirse en el emisario de los anhelos de la región ante el Jefe de Estado. Aunque ese papel también le tocará cumplirlo.Ser el segundo hombre del Estado y el eventual reemplazo del Presidente de la República le da a Angelino una ascendencia natural sobre sus coterráneos, que, bien administrada, lo pueden convertir en la gran autoridad política y, sobre todo, moral del Valle. Precisamente, lo que esperamos los vallecaucanos es que Garzón lidere la reconstrucción moral del Valle y que se encargue de que los principios enunciados por Juan Manuel Santos, como guía de su gobierno, se apliquen en este Departamento devastado por la corrupción, el clientelismo y la politiquería. Porque si algún sitio del país requiere una política de cero tolerancia con la corrupción, como la que anunció Santos, ese es el Valle del Cauca. Esa cruzada regeneradora tiene que comenzar ya. Y la primera tarea es garantizar que los vallecaucanos puedan elegir al sucesor de Juan Carlos Abadía en las urnas y, por ende, que el Gobierno Nacional designe a un gobernador interino, que sea garantía de imparcialidad en esos comicios. Como aquello de ‘cero tolerancia con la corrupción’ se demuestra es con hechos, las decisiones que tome el Gobierno Nacional al respecto serán buena muestra de si ese enunciado es un compromiso real o simple retórica. Ojalá sea lo primero, porque esas decisiones deben marcar el primer paso de una ruptura total con una nefasta manera de hacer política que, como un cáncer, invadió al Valle. El siguiente paso que los buenos vallecaucanos deben dar, con el acompañamiento de Angelino, será escoger un candidato de consenso, capaz de vencer en las urnas al vocero de la vieja política, que, a no dudarlo, hará todo lo posible para retener la Gobernación y garantizar la preservación del funesto legado de Abadía, cuya ‘obra’ más emblemática es el programa de vigencias futuras que deja empeñado al ente regional por más de una década.Le corresponde a Angelino hacerles entender a los vallecaucanos que estas elecciones tienen un gran valor estratégico, así quien resulte elegido apenas vaya estar en el cargo 15 meses. Por la sencilla razón de que en esos comicios podemos elegir a alguien que comience a desmontar los imperios que las mafias de la política construyeron en la región. De lo contrario, de seguro resultará electo alguien que acabará de consolidar esa apropiación mafiosa del patrimonio regional. Angelino Garzón no es un ángel. Es un ser humano, que como hombre público ha tenido sus aciertos y sus errores. Pero ha mostrado poseer las condiciones morales y el amor por esta tierra necesarios para liderar la regeneración de la política vallecaucana. Para que ese esfuerzo prospere se requiere del concurso decidido de todos los vallecaucanos, que somos los únicos que podemos ser los ángeles de la guarda de los intereses regionales.

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