Acuerdo de afán

Noviembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Sería una necedad asegurar que el nuevo acuerdo de paz, firmado a las volandas entre el Gobierno y las Farc, es idéntico al anterior.El nuevo acuerdo, entre otras novedades, le pone un término temporal, 10 años, al Tribunal de Justicia Especial que juzgará a quienes hayan participado del conflicto; elimina a los magistrados extranjeros que iban a integrar ese tribunal; establece que los acuerdos no se integrarán al bloque de constitucionalidad; define que quienes sean sancionados por el tribunal deberán ser recluidos en un sitio no mayor al equivalente a una de las zonas veredales en donde se van a concentrar los guerrilleros que se desmovilicen.Cambios, entonces, sí hay. De lo que no estoy seguro es que se hayan atendido las motivaciones que tuvieron quienes votaron por el No. Da la impresión de que los negociadores del Gobierno y de las Farc se tranzaron en una contrareloj para cambiar lo que a ellos les pareció cambiable, sin modificar lo sustancial del acuerdo. Me explico. Estoy convencido de que ni uno solo de los seis millones y medio de colombianos que votó por el No lo hizo por que no le gustaban los magistrados extranjeros o porque el tribunal de paz no tenía una duración determinada. La mayoría de los votantes ignoraba esa filigrana jurídica.Quienes rechazaron el acuerdo lo hicieron, fundamentalmente, por dos razones: Primero, porque no aceptaban que los jefes guerrilleros, como por arte de birlibirloque, pasaran del monte a las curules del Congreso. Y segundo, porque no estaban dispuestos a tragarse el sapo de que esos jefes guerrilleros no pagaran un día de reclusión. Y ambas cosas se mantuvieron intactas en los nuevos acuerdos.Con lo cual, insisto, el acuerdo sí se cambio, pero no como pretendían quienes votaron por el No. Me parece insólito que, en la intervención que hizo para notificar a los colombianos del nuevo acuerdo, el presidente Santos admitiera con el mayor desparpajo que esos temas, en especial el de la elegibilidad de los jefes guerrilleros, no se pudieron cambiar.Cómo que no se pudieron cambiar. ¿Acaso había un término perentorio para tener un nuevo acuerdo? (Y que los esbirros del Presidente no nos salgan con el mezquino argumento de que la muerte de dos guerrilleros ocurrida en Bolívar es la mejor prueba de la necesidad de firmar un nuevo acuerdo. Esos guerrilleros estaban delinquiendo fuera de las zonas de ubicación, lo que pudo ocurrir con o sin acuerdo).Como se trataba de negociar, en el tema de la elegibilidad se hubiera podido encontrar un término medio entre quienes piden que los jefes guerrilleros sean proscritos de la política y lo que establece el nuevo acuerdo, que sean elegibles ya. Por ejemplo, se pudo haber determinado que podían ser elegibles una vez pagaran la sanción que les imponga el Tribunal de Paz.También se podría haber buscado un punto intermedio entre quienes quieren ver a los jefes de las Farc podrirse en una cárcel y lo que pretenden ellos, que es lo que quedó en el acuerdo: que les den una ciudad por cárcel.Si de verdad se tratara de acatar la voluntad de las mayorías que votaron No el 2 de octubre, los negociadores no se hubieran levantado de la mesa hasta que se le hubiera encontrado una salida a esos dos puntos. Pero como eso no se hizo, se perdió la oportunidad de llegar a un acuerdo que satisfaga a la gran mayoría de los colombianos. ¿Valió la pena tanto afán?Sigue en Twitter @dimartillo

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