Por el fin a la guerra

Por el fin a la guerra

Junio 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Darío de Jesús Monsalve Mejía

Se cumple el quinto aniversario del asesinato de los once diputados del Valle. Una masacre que sigue estremeciendo al país y al mundo por sus ribetes de suspenso entre la criminalidad y la inocencia, entre el afán legítimo por la verdad y la trama del engaño, entre el milagro de un diputado sobreviviente y la tragedia de un final inexplicable para sus compañeros de esclavitud. No es el suspenso de una novela, sino de la cruda realidad de la guerra que, después de tantísimos años, nos ha vuelto insensatos y demenciales, incapaces de percibir la frontera entre víctimas y victimarios, arrastrados por la polarización que reproducirá en mil formas la violencia enquistada en la vida nacional. Creo que detrás de este drama tan hiriente para la autoestima de la Nación, sea cual fuere su desenlace jurídico, tenemos que escuchar una voz íntima, similar al clamor de la casta Susana y a la sabiduría del joven profeta Daniel (Daniel 13), que abra nuestras conciencias a la verdad que necesita Colombia: la del DESARME COMO ÚNICO MARCO ÉTICO POSIBLE para generar una reconciliación nacional. Sí, como lo proclamaba la famosa Conferencia para el Desarme en 1932: “SIN DESARME NO HABRÁ VERDADERA PAZ”. Necesitamos parar esta máquina de muerte, destrucción, engaño e impunidad que es la guerra interna. Necesitamos ver en estos acontecimientos el hilo invisible que reune a los hermanos que traicionamos la fraternidad elemental con el secuestro y la mentira, con la envidia homicida de Caín y el espíritu de revancha para matarlo, al que se opone el mismo Dios (Génesis 4). Necesitamos que el inocente nos conduzca al reencuentro, al abrazo de reconciliación entre hermanos y de ellos con su padre, como ocurre con José, Jacob y sus hijos, releyendo nuestra historia de otro modo, como lo hace la víctima José para descubrir en los hechos el designio oculto de Dios (Génesis del 37 al 50). El desarme como opción nacional, colectiva, de manera controlada y gradual, con garantes serios, sería el horizonte que nos queda para salir del conflicto histórico tan complejo y demencial en el que nos hemos metido. ¿Cómo volver a creernos, a confiar unos en otros, a liberarnos de la sospecha y a salir de la acumulación de impunidad y engaño? Como Obispo, junto a mis hermanos del Valle del Cauca, los invitamos a todos a meditar sobre EL FIN A LA GUERRA y el inicio del proceso de reconciliación, con ocasión del quinto aniversario del criminal hecho que conmemoraremos el próximo 18 de junio, Dios mediante. Convocamos a los familiares, a las comunidades de origen de los diputados, situadas a lo largo y ancho del Valle del Cauca, a las instituciones, a la Iglesia y al pueblo de Cali, para que nos acompañen en la concentración y eucaristía que presidiremos los diez obispos del departamento en esa fecha, en la plaza de San Francisco. Quiera Dios que entonces podamos contar con Sigifredo López, con su familia, paisanos y amigos, como símbolo de la inocencia que se abre paso, de la reconciliación que se impone desde el inocente que es reivindicado, del desarme como marco ético que Colombia requiere para su desarrollo y el aprovechamiento pleno de su ingreso en la economía mundial. Sin desarme no habrá verdadera paz. ¡Sin desarme no habrá desarrollo en Colombia! ¡No dejemos para mañana lo que tenemos que iniciar hoy: la paz!*Arzobispo Metropolitano de Cali y Valle del Cauca

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