Los ‘auxilios, historia sin fin

Los ‘auxilios, historia sin fin

Febrero 19, 2018 - 10:37 a.m. Por: Claudia Blum

Han tomado actualidad los desprestigiados auxilios parlamentarios por la indagación preliminar de la Corte Suprema contra varios congresistas por la presunta ‘mermelada’.

Los auxilios eran dineros que antes de la Constitución del 91 los gobiernos y congresistas asignaban para ejecutar obras en las regiones. Cayeron en desprestigio cuando se descubrieron partidas para fundaciones o contrataciones de fachada manejadas por políticos inescrupulosos a través de allegados. Las ‘asignaciones’ que favorecieron intereses clientelistas y los escándalos por proyectos sin construir rebosaron la copa. El desenfreno llevó a la Constituyente a prohibir en la nueva Carta que el Congreso tuviera iniciativa en el gasto o decretara auxilios a favor de entidad o persona alguna.

En mi paso por el Senado dije una y otra vez que se estaban reviviendo los auxilios parlamentarios cuando el gobierno de turno se inventó formas para que los congresistas pudieran destinar gasto público. A partir del año 2000 se idearon los ‘cupos indicativos’ del presupuesto para proyectos locales, definidos por los congresistas y no por un plan de desarrollo departamental o municipal. Siempre dudé de que esa figura asegurara una mejor inversión al país y temí por la deformación del funcionamiento institucional debida al premio gordo que el Ejecutivo entrega al Legislativo por aprobar proyectos sin ‘romperlos’ ni ‘mancharlos’. Chantaje en el que el Legislador pide al Minhacienda de turno que le incluya cupos para una ‘obra’, y el Gobierno asegura apoyos en proyectos de ley o en debates de control político.

La modalidad resucitada por el entonces ministro de Hacienda Juan Manuel Santos era un intento de bajarle el volumen a los debates legislativos. En la época se incluyeron $300 mil millones en el presupuesto para repartir en miniproyectos que serían ‘indicados’ por los parlamentarios. Efecto politiquero, en tiempos preelectorales. Gracias a esa piñata, la aprobación del presupuesto se logró en un tiempo récord de 120 minutos, en un debate en el que voté negativamente varios apartes como rechazo a los ‘cupos’. Voces de todo tipo los cuestionamos. Alfonso López, Antonio Navarro y Álvaro Uribe criticaron esa maña. Incluso Uribe demandó ante la Corte Constitucional su inexequibilidad. Pero la Corte los avaló en una sentencia de 2001.

En ese mundo de las leyes en que viví, siempre rechacé esa práctica convencida de que el interés público se debe honrar sin prebendas. En 16 años como senadora jamás recibí esas partidas. Aunque la cofinanciación con auxilios ha sido justificada por algunos la considero éticamente inaceptable por la distorsión que ha sufrido.
En 2012, alejada del Congreso, escuchaba que en una ley de regalías se buscaba repartir la ‘mermelada’ sobre toda la tostada, para que más municipios accedieran a esos recursos. Con el tiempo, la nueva confitura se convirtió en sinónimo de clientelismo y corrupción, se destaparon los cuantiosos cupos que habrían sido asignados en épocas preelectorales a proyectos de congresistas amigos del Gobierno -con sus respectivos contratistas-, y los entes de control y la opinión pública los cuestionaron.

Hoy como ciudadana y ante la catástrofe de esas aberrantes costumbres, imploro al Congreso y al Ejecutivo que eliminen de tajo los ‘auxilios, cupos y mermeladas’ y exterminen ese monstruo de mil cabezas que sigue carcomiendo nuestras instituciones.

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