Virus contagioso

Septiembre 04, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Porges

El tema de la homesexualidad y bisexualidad genera mucha pasión en nuestra cultura. No sorprende, pues, que la cartilla de educación sexual propuesta por la Alcaldía haya generado controversia. La percepción parece ser que nuestros jóvenes están expuestos a un grave y virulento peligro. Como en casi todo, la ciencia, no la emoción, debe ser nuestra guía. Primero, algo de historia: hace relativamente poco la homosexualidad estaba catalogada como una enfermedad mental en la primera edición de el manual diagnóstico psiquiátrico (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). Reflejaba una visión psicoanalítica de la homosexualidad como un nivel homoerótico, una mera etapa en el camino a la sexualidad madura y completa. Treinta años de evidencia científica llevaron a que en la cuarta edición ya no haya patología asociada a la homosexualidad. El consenso científico es que está condición es parte del espectro normal de comportamiento sexual.Sabemos que a una persona no la pueden volver homosexual. Sabemos que lo que importa en una familia es la calidad de la relación familiar, no el género de los padres o madres. Creciendo en un entorno consistente de amor y estructura, un hijo de una pareja gay tendrá la misma posibilidad de ser un adulto sano y bien adaptado que un hijo de una pareja heterosexual. Y ambos niños tienen igual chance de ser adultos gay. Consideremos también el entorno cultural en que se desarrolla la controversia. Colombia tiende a ser una sociedad homofóbica. El salir a golpear homosexuales en la Avenida Sexta fue un ritual adolescente en el pasado caleño. Ese es un ejemplo dramático, pero las tragedias cotidianas en que a la persona con una orientación sexual distinta se le ridiculiza, abusa, castiga o se oculta en la familia, colegio y trabajo son incontables. El mundo en que viven los LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y transexuales) en Colombia está lleno de amenazas. El alcalde Jorge Iván Ospina la tiene difícil. Sus detractores aprovecharán esto para atacarlo, poniendo en duda sus motivos. Si da marcha atrás, lo acusarán de abandonar su causa por la tolerancia. Si persevera lo acusarán de defender la causa gay, como si eso fuera malo. En vez de caer en la mojigatería de ver la homosexualidad como un virus contagioso, mas bien démosle herramientas a nuestra juventud para que puedan tomar decisiones que permitan una sexualidad sana y responsable.

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