‘UNSQSY’

Junio 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Porges

La ‘UNSQSY’, una enfermedad crónica en nuestro país, está tomando características epidémicas en las últimas semanas. Uno de los síntomas cardenales de esta enfermedad quedó en evidencia con la conducta reciente de un alto funcionario de la Alcaldía de Cali, de un senador costeño y de varios otros políticos. Un paciente afligido por la ‘UNSQSY’ no entiende que conducir bajo los efectos del alcohol es una irresponsabilidad criminal. Como ejemplo, están los padres de la patria (auténticos coprolitos todos) que tumbaron el reciente proyecto de ley que buscaba encarcelar conductores borrachos. Tampoco entienden el efecto sutil pero devastador que tiene el abuso del alcohol. Conductas peligrosas como las del funcionario caleño casi nunca son sólo de “esta noche no más” sino que son parte de un patrón persistente y progresivo. Otro síntoma de esta enfermedad es la sensación subjetiva de libertad ególatra: el paciente ni reconoce ni acepta límites sobre sí, y menos aún reconoce los derechos ajenos ni las consecuencias nocivas o peligrosas de su conducta. Dada su absoluta falta de introspección y empatía, el paciente piensa que él es el que mejor puede decidir sí puede pasarse o no un semáforo en rojo, escuchar música a todo volumen un jueves a la medianoche o poner su negocio en plena vía pública. También se evidencia en muchísimos otros entornos, como los aviones por ejemplo, cuando el paciente decide que sabe más que los pilotos y se pone de pie antes que apaguen la señal de los cinturones. La ‘UNSQSY’ afecta a todos los estratos, pero se agrava considerablemente cuando al paciente se siente con un poquito de estatus y de poder. La enfermedad toma visos críticos cuando a lo anterior se le suma el alcohol -equivale a echarle gasolina al fuego-. Pero, ¿cómo se puede saber si alguien sufre de este mal? Existe, afortunadamente, un procedimiento diagnóstico sencillo, infalible y de bajo costo: decirle “NO” al paciente.Cuando un policía le dice a un enfermo que NO puede conducir borracho, este responde con la frase que le da el nombre a la enfermedad: “es que, ¿Usted No Sabe Quién Soy Yo”? Igual pasa cuando el tripulante le ordena al pasajero que se siente. La creencia implícita es que la variable ‘quien soy yo’ debe afectar el resultado de una transgresión legal o social. Por ser quien soy, piensa el paciente, la regla no aplica. El tratamiento para la ‘UNSQSY’ es sencillo: responder con “ni sé, ni me importa, ni es relevante”. Hay algunos expertos, como el doctor Hadad, que aplican este tratamiento con una eficacia asombrosa. En una ciudad en que la gente simplemente hace lo que le da la gana, lo primero es establecer la autoridad, tratando agresiva e implacablemente esta enfermedad tan nociva para la democracia y la convivencia. Los pacientes que merecen atención inmediata son los más infecciosos: aquellos que, por virtud de su posición, deben dar ejemplo y obedecer a un estándar ético especialmente alto, y no lo hacen. Celebro la gestión de la Alcaldía al apoyar al doctor Hadad en su cruzada por hacer de nuestra ciudad un sitio civilizado y vivible.

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