Sociópata frente al mar

Sociópata frente al mar

Enero 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Porges

Los hechos son claros. Un individuo ha reiteradamente evidenciado las siguientes conductas, pensamientos y actitudes: violar los derechos de los demás, robándoles sus pertenencias, privándolos de su libertad y chantajeando a familiares y al Estado para su liberación. Ha asesinado cuando desaprueba de la conducta, profesión o desempeño de otro, o cuando no se ha pagado por la liberación de sus rehenes, incluso cuando sí se ha pagado.Esta persona ha promulgado al interior de su organización política fomentando violaciones masivas de mujeres, y obligado a miles de abortos indeseados. Ha arrebatado niños y niñas de su seno familiar para lavarles la mente cuando es aún maleable y así volverlos carne barata de cañón. Ha sembrado cientos de minas antipersona en zonas transitadas por civiles. Ha participado por años en el narcotráfico y la minería ilegal.Hay tres elementos adicionales necesarios para reconocer, clasificar, y predecir la conducta de personas como ésta: Primero, no reconocen su culpa porque la responsabilidad siempre es de otro y ellos son víctimas. Segundo, no sienten remordimiento por lo que hacen ni empatía con el sufrimiento de los demás. Pueden mostrar conductas o decir cosas que sugieren remordimiento o empatía, pero exclusivamente en el contexto del siguiente punto. Tercero, estas personas se caracterizan por ser encantadoras y por su habilidad para mentir y manipular.Cualquier experto en salud mental con experiencia forense reconoce en la violación sistemática de los derechos de otros, la criminalidad, la falta de empatía, la crueldad y la habilidad para mentir, encantar y manipular, los criterios diagnósticos de un sociópata. Este resumen del carácter sociopático es relevante si se considera a la luz de una columna de opinión (“Con ‘Pablo Catatumbo’ frente al mar”) publicada en estas páginas hace unos meses y más recientemente en un periódico bogotano. Las conductas descritas representan hechos del prontuario de Catatumbo. La columnista, cual quinceañera deslumbrada, relata lo encantador que es ‘Catatumbo’ y lo describe como “lleno de sentimientos y convicciones… con ideales y sueños… que vale la pena escuchar”.Tal vez la columnista ingenuamente cayó en las garras del sociópata. No sería la primera ni la última vez, y lo he visto muchas veces con clínicos inexpertos que intentan evaluar a uno para las cortes. Tal vez se rindió ante las melifluas palabras de ‘Catatumbo’ ya que él, sabiéndola escritora, inteligentemente escogió hablarle de Sandor Marai, ideales abstractos, sentimientos nobles, y elogiando gente que ella quiere pero que, convenientemente, está muerta.Pero hay que considerar otros factores. Hay dos leyes inmutables en la psicología: 1- Importa lo que uno hace, no lo que uno dice y 2- El mejor predictor de la conducta futura es la conducta pasada. La realidad médica es que el sociópata, en particular, no cambia. Una vez así, siempre así. Es posible entonces que la columnista, sin sofisticación nosológica, se dejó seducir. Tal vez ella está de acuerdo con el señor y sus valores. Sea cual fuere la causa -simpatía o ingenuidad- el legitimar y valorar al sociópata es echarle gasolina a un incendio caracterológico. Las llamas arrecian, y de ahí no sale nada bueno.

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