Sexualidad y drogadicción

Sexualidad y drogadicción

Septiembre 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Porges

Gran revuelo ha causado la ‘ideología de género’ y la supuesta agenda pro-Lgbti de algunas entidades del gobierno. Algunos dicen que las identidades sexuales distintas a la tradicionalmente heterosexual representan una perversión degenerada que amenaza a nuestros hijos. La Iglesia Católica le echa leña al fuego de la indignación, actitud irónica ya que no hay institución con un rabo de paja mas grande en lo referente a temas de homosexualidad, abuso pederasta y encubrimiento institucional.La ciencia y la razón deben ser nuestra guía, no la emoción ni el pensamiento mágico. El consenso científico es que las diferentes identidades sexuales no representan patología sino que reflejan el amplio espectro de la sexualidad normal. ¿Es o no una pareja heterosexual mejor que una homosexual para criar, educar y formar hijos? Resulta que no importa tanto la orientación sexual, como que sean personas emocionalmente estables que le den, en un entorno estable y consistente, amor y apoyo al niño. Esta idea es tan aberrante para individuos como Viviane Morales que tergiversó los resultados de un estudio científico reciente para confundir a la opinión publica. El autor de dicho estudio, científico de una prestigiosa universidad norteamericana, tuvo que aclarar en los medios cuales eran los verdaderos resultados de dicha investigación. En breve: hay homosexuales detestables, inmorales, inestables, y pésimos padres. Hay heterosexuales detestables, inmorales, inestables, y pésimos padres. La idoneidad como padre/madre no es la orientación sexual.Otro lienzo virgen sobre el cual la ignorancia pinta sus cuadros de odio es el de los ‘habitantes de la calle’, noticia hoy en Bogotá y problema de siempre en el país. La gran mayoría tienen problemas de adicción, y/o trastornos mentales no tratados. El consenso científico es que la adicción no es una falencia moral sino una enfermedad médica, crónica y mortal. En términos prácticos y personales, sugiero que cada vez que usted, amable lector, vea un adicto, repita el siguiente mantra: “Sólo por la gracia de Dios no soy él”. Es que esa es la diferencia entre usted y un adicto: él tiene -y usted no- una condición médica, con un gran componente genético, que hizo que la sustancia (alcohol, drogas, etc.) le clavara sus garras y no lo soltara. Y le volviera la vida un infierno.Como sociedad no podemos tolerar los Bronx y Cartuchos, ni la criminalidad que de allí emana. Pero el bulldozer borra la olla mas no el problema, y la censura moral le da permiso al odio violento. El tratamiento de la adicción no es fácil, barato ni rápido: requiere personal médico y psicológico especializado y la naturaleza misma de la enfermedad lleva a relapsos. Pero no es justo reducir a estas personas al nivel de escoria callejera desechable. Tienen derecho a ayuda y tratamiento. Muy bien Peñalosa por atacar el problema. Ojalá los siguientes pasos, los difíciles y caros, se den con seriedad. En resumen, la comunidad Lgbti no amenaza a nadie. Uno no se vuelve gay por trabajar, estudiar, aprender, socializar, o vivir con una persona gay. Así no pasa. En cuanto a los drogadictos, nadie los ha curado haciéndoles caer en cuenta que debería darles vergüenza. Así no se cura. Con los diferentes y vulnerables debemos ser pacientes y tolerantes. No así con los verdaderamente malvados, esos con los que ahora se nos exhorta a hacernos de la vista gorda y memoria corta.

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