Estimado Jhonny

Noviembre 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Porges

Usted, como líder del gremio de taxistas, es la voz pública de un grupo sufrido y maltratado. Para sobrevivir, los taxistas en Cali tiene que ser a la vez adivinos, psicólogos, diplómatas, y expertos en resistencia pasiva y activa. Encima de eso tienen que tener la paciencia de Job y la vejiga de una ballena. Tal vez la amenaza más grande que debe afrontar el taxista a diario es la del atraco a mano armada, que proviene de dos fuentes: una literal y otra figurativa. Por un lado está la criminalidad desbordada en Cali. La naturaleza misma del trabajo del taxista lo deja vulnerable, a veces trágicamente, a ladrones y asesinos. El asalto figurativo viene de los dueños de los taxis, los Uldaricos del mundo. Los obligan a trabajar largas horas por poca paga en un entorno de trabajo incómodo, inseguro y poco digno. Ese último punto, Jhonny, nos trae a otro asunto muy en la noticias de estos días. Los usuarios nos vemos obligados a compartir con ustedes ese entorno incomodo, inseguro e indigno. Me refiero, claro, a los vehículos. Viejos, sucios, con la ínfima bodega copada por la pipa de gas, en el que no cabe equipaje. Carros destartalados y sin aire acondicionado, con los cinturones de seguridad (si los tiene), escondidos debajo del asiento, sumido en la porquería acumulada de años. Encima de eso, los usuarios tiene que lidiar con el malgenio y el mal servicio del taxista. Claro, lo entendemos, condenados como están a ese entorno peligroso sucio, incomodo y feo. Y la piedra se les sale con los Uber. Y hasta allí llega la empatía de los usuarios con ustedes. Pónganse bravos sí, pero con los dueños de los taxis, con los jefes con los exprimen. No con la gente que de repente tiene una opción de servicio cómoda, limpia, segura y al día con la modernidad. Si ustedes ofrecieran un servicio equivalente, Uber se moriría. Pero el mercado manda, y si ustedes no cambian, inexorablemente desaparecerán. Por último, son hipócritas sus sollozos en los medios de que Uber es ilegal. El día en que los taxis amarillos obedezcan las leyes, tendrá usted autoridad moral para esgrimir ese argumento. Por ahora, lo que nos cansamos de ver son hordas amarillas haciendo pistas ilegales debajo de avisos de “prohibido estacionar”, bloqueando vías arterias enfrente de supermercados y centros comerciales, causando caos vial. Y ay del ciudadano que se atreva a decirles que están actuando ilegalmente. Ni hablar de la costumbre de conducir temerariamente, en contravía, cambiando de carriles agresivamente, a altas velocidades. Los taxistas se burlan de las leyes todos los días. El día que los taxistas se porten dentro de la ley, obedeciendo las leyes de tránsito, urbanidad y decencia, y ofrezcan un servicio de calidad, muere Uber. Mientras tanto, los taxis son dinosaurios amarillos. Y su salvación está en que sus jefes no los obliguen a trabajar en las condiciones en las que lo hacen, que es lo que los obliga a portarse como se portan. Pero no es la culpa de la ciudadanía, ni ustedes nos pueden obligar a usar un servicio malo y peligroso. ¡Nos merecemos mejor!

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