Ebullición

Octubre 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Porges

Lo de los sapos no fue mentira. El mensaje implícito de Santos fue “Confíen en mí: le di tan duro a los terroristas que ahora sí quieren negociar. No le den importancia a lo que dicen. Una cosa es su discurso público, y otra su postura en la mesa de conversación”. Y con guiño virtual nos mandó a engullir batracios.Sapos hay, cierto. La mentira es lo de tragárselos. Los sapos somos usted y yo, millones de colombianos ahora actores en la famosa fábula del sapo en agua caliente: suben la temperatura tan gradualmente que nos percatamos que va a hervir cuando ya es demasiado tarde para escapar.Empezó con agüita tibia: “Esto se negocia rápido, sin impunidad, y ni la Constitución, el modelo económico, o las Fuerzas Militares están bajo discusión. Seremos magnánimos pero estrictos”. Luego, el Gobierno, de la mano de columnistas simpatizantes empezó a promover la idea de que las Farc tienen buen corazón e intenciones (lea, por ejemplo, ‘Con Catatumbo frente al Mar’ en elpais.com.co). Subieron la temperatura un poco más: el Fiscal suspendió procesos como muestra de “buena voluntad”. Cuando un grupo de víctimas de las Farc fue a Cuba (grupo cuyos miembros las Farc tuvieron influencia en escoger) también metieron a víctimas de los paramilitares, como si fueran directas de la contraparte. Quedó implícito que todos los paras eran agentes directos del Estado. Así el Gobierno fue cediendo control sobre la narrativa y el mensaje del proceso.Más calorcito: Santos insistió que a las Farc no se les podía llamar terroristas o asesinos so pena de ofenderlos. El estándar de lo aceptable fue bajando en la medida que la temperatura subía, camuflado en un modelo de justicia alterna, hasta que el asesinar se resarce con un “lo siento mucho, ¿bien?”. El traficar drogas -si es para financiar una campaña de terror- ahora es delito conexo.Ahora la amnesia es virtud. El mencionar los campos de concentración de ‘Jojoy’, los secuestrados encadenados por diez o más años, los ataques a pueblos inermes, los atentados ecológicos (¿ya olvidamos el derrame de petróleo hace apenas meses?) y tantas más atrocidades se considera evidencia de una mentalidad retrógrada.Pero no solo la temperatura sube en cosas puntuales como matar, secuestrar, extorsionar o traficar. El lenguaje también fue cambiando: Por ejemplo, gradualmente la “entrega” de las armas mutó en su “dejación”. Que las Farc “dejen” las armas es como un alcohólico que deja el trago y lo pone bajo llave -pero que se queda con la llave-. Firmaron un acuerdo de justicia en el cual parece que el zorro se comprometió solemnemente a cuidar el gallinero. En la ONU Santos declara que “les he tendido un puente de oro. Van a pedir perdón y resarcir daños porque quieren la paz. ¡Que repiquen las campanas!”. Y horas después vemos a ‘Timochenko’ declarando “yo no voy a pedir perdón, porque eso significa que me arrepiento, y yo no me arrepiento de nada de lo que hecho como guerrillero”. ¡Ebullición!Necesitábamos a Churchill y resultó Pétain.

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