¿Y mi partido?: partido

¿Y mi partido?: partido

Junio 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Unidos en la división. Nuestros partidos Liberal y Conservador hicieron la historia hasta cuando se acabaron. Y se acabaron porque se dividieron, se dividieron porque no pensaron.Yo no recuerdo al Partido Conservador realmente unificado. Su doctrina, desde Caro y Ospina en 1849, predicaba que el conservatismo no seguía hombres sino ideas. Pero siempre siguió hombres y se dividió. Incluso cuando la hegemonía conservadora de 44 años (1886-1930) con sus 15 presidentes ‘godos’, se seguía a los jefes (trapo azul). (También la República Liberal de 1930 a 1946 siguió sobre todo a sus dirigentes sin hojas de ruta claras: trapo rojo). La hegemonía conservadora terminó en 1930, no por ideas geniales del doctor Olaya Herrera o del Partido Liberal sino porque los azules dividieron sus votos entre el maestro Guillermo Valencia y el general Vásquez Cobo. (Los liberales tampoco perdieron con Ospina Pérez en 1846 porque lo envió Dios sino porque los liberales Gaitán y Gabriel Turbay se dividieron).2. ‘Violencia’ y Frente Nacional. Después de la feroz ‘violencia’ entre rojos y azules (1948-1953), no hubo más remedio que avenirse en el quinto mandamiento: “No matar”. Los conservadores, entonces, nos unimos pero con los liberales. Por dentro del partido teníamos lauro-alvaristas, alzatistas, valencistas, belisaristas, pastranistas, hasta rojaspinillistas. Fuimos al poder porque lo disponía la Alternación Constitucional. A Valencia lo salvó la muerte de Alzate: de lo contrario nos hubiéramos matado por uno u otro, divididos.3. Laureano-Ospina. Pastrana-Álvaro. Fue larga la historia que comenzó con el apoyo a Ospina Pérez, siguió con el apoyo a Laureano Gómez y terminó con una división larga y honda entre seguidores de uno y de otro. Recibieron la herencia fatal Pastrana (con Ospina) y Álvaro Gómez (con Laureano, su padre). Divididos.4. 1970. 1982. 1990. 2014. Vivimos el 1970: a Pastrana nos lo eligió el liberalismo y, entre los dos ‘robamos’ a Rojas. Fuimos, entonces, ospino-pastranistas, sourdistas, belisaristas. Divididos. En 1982 Belisario Betancur ganó con el partido y sin el partido (ganamos por divisiones ajenas).En 1990 Álvaro Gómez se le atravesó a Rodrigo Lloreda y éste se desprendió, además, del ala pastranista (divididos: alvaristas, pastranistas, lloredistas). Vino el desconcierto. Llegó la Reforma Constitucional de 1991, entramos en el laberinto de las elecciones populares de orden territorial y murió la historia. Desde entonces nadie es nadie en política. Y el conservatismo se perdió del panorama nacional. Dividido. Tuvimos un respiro cuando Andrés Pastrana fue monedita de oro, antes de convertirse en ‘villano’ por la paz. El conservatismo conforma, ahora, unas huestes regionales con unos cuantos parlamentarios y unos pocos gobernadores y alcaldes. Ya no divididos, esfumados.Los últimos gobiernos nos convirtieron en “la fuerza que decide”. Decide por otros y para otros. No pudimos con Noemí Sanín, no pudimos con Martha Lucía Ramírez. ¿No podremos jamás? Mírennos hoy: con un gran dilema: ser o no ser gobierno, ser o no ser oposición. O ser, a un mismo tiempo, gobierno y oposición. Disociados, esto es, esquizofrénicos. Eso sí: firmes en nuestra ley: siempre divididos. ¡Viva el partido que “no sigue hombres sino ideas”!

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