Votar: una obligación

Junio 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Naturaleza del voto. Nuestra Constitución Política nos define como una democracia sustentada en la soberanía popular: “La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder político”. Y “el pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes”. Aquí es donde aparece el voto, cuya naturaleza es más compleja de lo que suele suponerse. 2. El voto como derecho y como deber. La Constitución establece que el voto es un derecho y un deber ciudadano. Como derecho implica una prerrogativa que no es absoluta: hay que pesar el efecto que tiene el ejercicio de tal derecho, por lo cual debe ejercitarse de manera responsable, útil para la democracia y de impacto favorable para la sociedad. No se trata de votar y ya, sin pesar y sin pensar. En efecto, el voto constituye una facultad esencial del más alto poder del Estado que es el pueblo (es nada menos que el ejercicio de la soberanía popular).Como deber, el voto constituye una obligación ética y política. Si vivo en sociedad he suscrito un pacto que me asigna unas responsabilidades porque no se trata de vivir con otros sino de convivir con todos, de participar y decidir en cuanto afecte a la comunidad. Abstenerse de votar, en consecuencia, no es una opción válida ni ético-social.Para determinar si el voto es más un derecho o un deber, algunos tratadistas han llegado a esta formulación: “El voto es un derecho de ejercicio obligatorio”.3. El voto obligatorio. Colombia es, quizás, el único país suramericano que no ha consagrado el voto obligatorio. En muchos países del mundo el no votar constituye una falta sancionada con multas, con sanciones administrativas (pagar servicios comunitarios, no poder cobrar deudas al Estado, no poder correr escrituras públicas) e incluso con arresto. “Si se vive en una sociedad democrática hay que votar”. Aquí se ha optado por ofrecer algunos beneficios al votante sin que hayamos valorado su utilidad.4. Ganan los abstencionistas. Se ha vuelto costumbre inveterada el abstenernos de votar (por pereza, por pasear, por odio a la política, por ignorancia acerca del significado del voto). Siempre ganan los abstencionistas, algunas veces de manera dramática, con 60% y 70%. En estos casos, las elecciones pierden legitimidad sustancial. Si quisiéramos una verdadera revolución electoral, tendríamos que darle peso institucional a la abstención y eliminar la legitimidad a los comicios en los cuales no se alcance un porcentaje significativo del electorado (50%, 60%, 70%) y proceder, en consecuencia, a anular las bajas votaciones por falta de legitimidad, esto es, por no representar la soberanía popular. Pero lo anterior resulta imposible en nuestro medio. Cabe la pregunta: ¿Es realmente legítima, por ejemplo, una elección donde vote menos del 50% del electorado habilitado? 5. Y votar en blanco. Ya he dado mi opinión al respecto: como el voto no es un derecho absoluto debe ponderarse muy bien su efecto para la sociedad. Por ejemplo, si el 1 de julio ganara el voto en blanco (lo cual creo imposible) daríamos un salto al vacío. Pero si no gana, cada voto en blanco será capitalizado políticamente contra los partidos y sectores afectos a la Unidad Nacional ya que se entenderá como una inconformidad hacia el candidato de los partidos o por la forma como fue acordado. Conclusión: cada voto en blanco será un voto en favor del MIO y del PIN cuya campaña tiene esa argumentación.6. Votemos con los ojos abiertos. Respetuosa sugerencia: votemos como un derecho de ejercicio obligatorio, votemos por uno de los candidatos inscritos, no votemos en blanco pero, si lo hacemos, tengamos conciencia de que lo hacemos por el MIO y por el PIN. De nuevo anuncio mi voto por Ubeimar Delgado como candidato de la Unidad Nacional en la región.

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