Venezuela: salvación nacional

Venezuela: salvación nacional

Diciembre 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Lo que ocurrió en Venezuela. Lo esencial en el vecino país consistió en un cambio de ideario, de religión, de sistema, de régimen, de vida. Cambió el Estado. Es como si en Cuba o en Norcorea se hubiera pasado del comunismo a la democracia. Ese socialismo del Siglo XXI ha sido una forma de practicar comunismo con varios disfraces. Ha habido elecciones pero bajo control del Ejecutivo. Su materalismo dialéctico se ha escondido tras una hipócrita careta religiosa. Unos retazos de propiedad privada han simulado una economía de mercado. Estimular por doquier medios de comunicación oficiales han servido para acallar las expresiones verdaderamente libres. La libertad de conciencia, de opinión y de expresión se han limitado a los excesos verbales de unos presidentes (Chávez, Maduro) que no ha gobernado (¿a qué horas?) ya que se la han dedicado a gritar por los micrófonos sus agresivas retahílas y amenazas contra todos sus ‘enemigos’. Predican un Estado ‘liberal’ con tridivisión de poderes si bien todo funciona como los aceites ‘tres en uno’: todo se concentra en una tiranía macrocefálica. Se trata de un despotismo barato, vulgar, protegido por una casta militar colmada de privilegios (¿el cartel de los soles?). La fuerza bruta ha permitido instalar, con pleno cinismo, la corrupción, el narcotráfico, la cueva de nuestros jefes guerrilleros. Como el petróleo cae (caía) como maná del cielo no había nada por hacer: bastaba con regar trozos de pobreza hacia el interior y comprar adhesiones políticas externas con el combustible regalado. Se enterraron la producción, la inversión, el desarrollo, porque la iniciativa privada equivalía a la formación de focos de burgueses y oligarcas, amigos del ‘imperio’ gringo. El espejo debía ser Cuba y Estados Unidos y Europa las imágenes satánicas. ¿Y Colombia?: su nueva mejor amiga en el día; pero, en la penumbra, la dispensadora de guerrillas y extremismos. Chávez deliró hasta creerse el Bolívar que uniría a América; sólo que quiso unirla a sus pies y bajo el signo del oro negro. Bolivia y Nicaragua se dejaron embriagar con los prédicas alucinadas del coronel. Ecuador se deslumbró con un discurso que adoptaría hasta donde le fuera posible. La Argentina de Kirschner recibió sorbos sucios (por fortuna llegó Macri). A Uruguay llegaron cantos de sirena. Incluso el gigantesco oso brasileño ha sufrido mareos conceptuales. Pero no hay mal que dure veinte años…. (duró 17). Venezuela, pues, regresó del despotismo socialista a la democracia.2. ¿Contrarrevolución?: ¡Claro! Dijo Maduro dos cosas ciertas: triunfó la guerra económica y ganó la contrarrevolución. Pero la guerra económica no fue de afuera, como sugiere Maduro al pintar a Estados Unidos como culpable de los desastres internos. Fueron la escasez, la inflación, la desinversión, la improducción, el hambre. Y ganó la contrarrevolución: se derritió esa revolución de pacotilla. La que, incluso, se nos quiso vender aquí pero que Colombia no compró, por fortuna.Viene ahora la libertad de presos políticos y la libertad de Venezuela con el cambio de sistema, de gobierno, de gente al mando. Con los resultados del domingo pasado, quedó claro que para todo ello ya el vecino país está “maduro”.

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