Un fallo quitasueño

Un fallo quitasueño

Noviembre 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Del dicho al hecho. Reponernos de la pérdida en el Caribe tomará años. Ya ha corrido tinta, han sonado alarmas, se han escuchado gritos y se han expuesto toda suerte de ‘soluciones’. Se dice: no debimos concurrir a la Corte y se agrega: retirémonos de su jurisdicción. De no haber actuado Colombia en el proceso la decisión final habría podido ser más desfavorable y si nos saliéramos (como tal vez ocurrirá) quedaríamos por fuera de toda jurisdicción internacional. Estamos entre dos extremos: uno, asumir, con debilidad, el fallo. O “desconocerlo”, “rechazarlo” o “desacatarlo” (¿?): el limbo o la guerra. Algún ingenuo decía que en una confrontación tendríamos aliados de nuestro lado. Error: en tal aventura loca nadie nos acompañaría y, más bien, habría que recordar las afinidades ideológicas de Nicaragua con Cuba (incluso con China y Rusia) y su pertenencia al Alba (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina), donde hay países ariscos eventualmente dispuestos a cualquier cosa en nuestro disfavor.2. Lo derecho es el derecho. Cualquier postura extrema parecería inadecuada. Hay que pensar con cabeza fría y con objetividad. El reconocimiento a la tierra en el archipiélago y los cayos fue ratificado al confirmar la plena validez del Tratado Esguerra-Bárcenas del año 28. Pero el tratado no contempló la delimitación marítima que la CIJ asumió bajo los denominados principios de ‘equidad’ y ‘proporcionalidad’ que favorecieron a Nicaragua. El rigor jurídico aconseja respetar los fallos y recurrir a todos los medios permitidos: además de exigir aclaración, podríamos instaurar un recurso de revisión si se dieran las condiciones para el caso. Hay que intentarlo todo, pero con la razón y la ley en la mano. Y con ciertos hechos: si las prescripciones extintiva y adquisitiva de dominio operan en diez años en el derecho privado, ¿cómo no se tomó en cuenta la posesión colombiana por espacio de 200 años? ¿Cómo, al menos, no se trazó la línea ‘media’ por encima de los cayos Roncador y Serrana para no perjudicar a nuestros isleños (poseedores centenarios), y no desvirtuar el concepto integral de archipiélago?, y ¿cómo puede una Corte Internacional pasar por encima de tratados como los que tenemos celebrados con países vecinos generando, eventualmente, más problemas plurinacionales de los que pretendió resolver en un asunto bilateral? Aleguémoslo y en ello sí podemos tener compañía. 3. ¿El culpable? Desde la Conquista, la cuna nacional estuvo en el altiplano. Somos una privilegiada esquina continental con dos océanos que no conocemos ni reconocemos. Fuera de Bogotá todo es tierra caliente con gente superficial de sangre caliente. Así que el ‘balneario’ de San Andrés sólo nos ha servido de solaz a los del interior ya que es en la capital donde se concentra medio país. Además, basta mirar el equipo de gobierno a nivel nacional, a nivel internacional y al nivel de nuestro litigio ante la CIJ. No podemos localizar la culpa en tal o cual gobierno: la culpa es de Fuenteovejuna (todos a una) porque siendo país de mares ejercemos realmente como nación andina. Ahora tendremos que entendernos con Nicaragua y remendarnos con Panamá, Costa Rica y Honduras y demás…

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