Tu paz, mi paz

Diciembre 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. La Constitución. Artículo 22 de la C.N.: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. La paz, en consecuencia, es un derecho del pueblo soberano y es una obligación del Estado. Esta norma tiene que ser vinculante y no puede quedar como mero enunciado. El gobierno actual tiene razón al intentar resolver el conflicto interno con la subversión y, sin duda, todos los colombianos queremos y necesitamos una solución eficaz. También es cierto que resulta ideal una solución negociada y política. No nos interesa la paz de los sepulcros (que preconiza la extrema en armas) ni la pax romana del exterminio total del enemigo. Además, la historia de más de 50 años, demuestra que ninguna de las dos posiciones resulta posible. Adicionalmente, hay que admitir que las negociaciones se llevan a cabo siempre entre los enemigos y contendientes. Y en estos aspectos todos tenemos que estar de acuerdo porque sería muy grave, por ejemplo, que se firmen unos acuerdos que luego la sociedad desapruebe. Por tanto, la paz es de todos o no es de nadie.2. Los desenfoques. Muchos han definido la campaña que comienza en términos de partidarios de la paz (tesis) y de la guerra (antítesis). Desde los sectores de gobierno se ha formulado la campaña como una lucha entre pacifistas y guerreristas. La guerra o la paz, sin nada en medio. Grave error y grave peligro: ¿Qué tal, por ejemplo, insisto, que se firmen acuerdos en La Habana que luego no sean aprobados en el referendo confirmatorio previsto para marzo o mayo? Allí sí se vendría una guerra sin retorno.La campaña uribista ha decaído en sectores de opinión nacionales y extranjeros al dejarse encasillar en el extremo de la guerra. Pienso que el gobierno tampoco puede caer en el error de presentarse como ‘dueño’ de la paz con el riesgo mencionado de un fracaso en la refrendación popular de los acuerdos. Si estuviera en mis manos, me tomaría el atrevimiento de sugerirle al Uribe Centro Democrático que enarbolara la bandera de la paz, incluso con un discurso más contundente: “Este es el movimiento de la paz para Colombia”, “nos interesa la paz política, la paz negociada”, “soy el verdadero candidato de la paz” (Zuluaga). “Somos los candidatos a conformar el Congreso de la Paz”.3. Ni tu paz ni mi paz: nuestra paz. Todos, pues, debemos pregonar la paz, pero la paz de todos, para todos. Sin tesis y antítesis: la paz como síntesis. Ahora bien: la agenda de paz oficial podría partir de los acuerdos de La Habana. Pero el uribismo podría sugerir retoques al actual proceso o proponer una agenda simple: desmovilización y entrega de armas, cero narcotráfico y secuestros, cero reclutamiento de menores, justicia transicional. Pienso que dejarse ubicar en el terreno de la guerra versus la paz es un gravísimo error sustancial y electoral para el sector uribista. Si todos nos alineamos con la paz, la campaña electoral podría ocuparse de las angustias cotidianas y vitales, del hambre, el desempleo y la desigualdad social sin los cuales no habría guerra posible.Comencemos por desmontar el lenguaje y los gritos de guerra que ya todos estamos padeciendo rumbo a las elecciones parlamentarias y presidenciales. Ojalá, realmente, el 2014 sea el año de un escenario blanco sean quienes fueren los elegidos.

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