Tranquilos como un egipcio

Febrero 21, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

No podemos pensar a Egipto o a Túnez, Libia, Argelia, Bahrein, Jordania, Irán, Yemen, Marruecos o Siria (el Oriente Medio y sus alrededores) con ojos occidentales, porque nos perdemos. Recuerdo que el profesor Uprimny decía conocer más de cien definiciones de democracia, pero ninguna de ellas se localizaba en países como los mencionados. Ejemplo: para el egipcio ex Secretario General de la ONU, Boutrus Boutrus Gahli, el concepto de democracia en Egipto se simplifica, lisa y llanamente, dejando participar las tribus: ¿…?Según el común de la gente, para que exista democracia basta que haya elecciones y Congresos. Para los Chávez, los Evos y los Ortegas no son necesarias las exigencias de Rousseau y Montesquieu acerca de la tridivisión de poderes ni la relación armónica entre ellos. Para esos profetas del socialismo Siglo XXI no hay diferencias, en materia de democracia, entre China o Japón, entre Nicaragua y Costa Rica o entre Venezuela (más Bolivia) y Colombia, Brasil, Chile o México. No les importa mucho lo que ocurra con la libertad de pensamiento, de prensa, de expresión, de información, de locomoción, de reunión, de asociación, de huelga, de cultos o con la protección a los derechos fundamentales, los derechos civiles y humanos, el DIH. La diferencia con el Oriente Medio consiste en que nosotros respiramos estos temas desde el nacimiento: por los valores democráticos nacimos a la libertad, la igualdad y la fraternidad (convivencia). Y cuando no se cumplen, los gobiernos caen. En cambio, en Egipto y sus pares apenas están aprendiendo a gatear en estas materias. No han superado aún las monarquías absolutas y hereditarias, y las autarquías que en Occidente fueron sepultadas desde el Siglo XVIII. A los faraones, investidos de derecho divino, los sustituyeron sátrapas eternos en militarizadas sociedades sometidas, sin capacidad de reacción. Para peor dolor, se dan contaminaciones religiosas que justifican revoluciones, guerras y muertes usurpando el nombre de Dios. Ahora, en Oriente Medio, comienzan a abrir los ojos en mitad de una curiosa paradoja: las redes sociales les han enseñado en qué consiste una democracia moderna y los jóvenes, imbuidos de las nuevas tecnologías, promueven la demolición de las tiranías aunque, al mismo tiempo, incrementan sus prevenciones y odios contra los demonios occidentales por tener una relación menos fundamentalista y fanática con el propio Dios.Por supuesto, todo lo que ocurre por esos lares nos resulta árabe: ni los entendemos ni nos entienden. Pero comienza a haber aproximaciones oriente-occidente en algunas concepciones políticas, al punto de que las juventudes orientales ya demandan democracia con elecciones periódicas, con eliminación de dinastías, con libertades, con igualdad, con desmilitarizaciones, con Parlamentos o Asambleas, con órganos de control, con participación ciudadana, con derechos civiles, con normas de convivencia. De seguro veremos mucho más que Túnez y Egipto en esta especie de efecto dominó que asoma. Algún día también pasará algo en Cuba, en Norcorea y en el gigante chino.

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