Telaraña política

Abril 03, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Aquellos tiempos… En los tiempos idos peleaban entre partidarios de Bolívar y Santander. Y se mataban, o casi. Más acá se iban a las guerras intestinas. Y se mataban. Ya consolidados los partidos conservador y liberal, hacían guerras y se mataban. Nadie perdonó la hegemonía conservadora ni la posterior República Liberal. Mataron a Gaitán, comenzó la era de “la violencia” y se mataban por una corbata azul o una roja. Luego de la dictadura de Rojas llegamos al Frente Nacional para dejar de matarnos. Pero se afianzó el narcotráfico y entronizó todas las contraculturas y corrupciones. Ahora a todo se le mata. 2. Murió la cultura. Anteriormente, al menos, habían partidos grandes e identificables, jefes notables, cortes puras y discretas, ramas del poder que actuaban en armónica separación, tuvimos congresos admirables, por dignidad nadie se vendía (valía más la dignidad que el dinero), la contratación estatal era bastante transparente. Pero llegaron las elecciones para Alcaldes y Gobernadores y todo fue una piñata, comenzaron las operaciones avispa, las microempresas electorales y el triunfo deletéreo del narcotráfico. Aparecieron partidos de garaje que crecieron y se multiplicaron. Nadie pareció darse cuenta hasta que entramos en la vorágine donde nada es nada ni nadie es nadie. Los de antes, al menos, sabían dónde estaba el enemigo, un enemigo político. Hoy es padre y señor, desde hace treinta años, el narcotráfico alimentando guerrillas, paras, bacrims. Huyeron los ideales y La Política (con mayúscula) se esfumó.3. Los Idus de marzo. ¿De qué nos extrañamos ahora?. Los tiempos en que la política se entendía de cierta manera pasó: se fueron los Idus de Marzo. Hoy nos encontramos atrapados en una telaraña incomprensible. Demasiados partidos, todos sin identidad. El Presidente se dice de la U, pero el liberalismo lo aclama como jefe. La Unidad Nacional es un enjambre alrededor de la miel del rico Epulón: ojalá no se derrumbe cuando se acabe de repartir la mermelada. La oposición radical de izquierda y algunos tibios de alma están a punto de perder la personería por falta de votos: como el Polo, los Verdes, como Cambio Radical, como el Mira, como la AIS. Tenemos la oposición uribista que, de no existir, podría dejarnos, quizás, a merced de la aparición de cualquier Chávez o cualquier Petro. Cada vez reconozco con mayor dificultad a mi partido conservador ¿cuál?. En general sólo se percibe una especie de ira entre los dirigentes en medio de la ausencia de colectividades, de doctrinas, de ideologías, de organizaciones sólidas, de principios, de tesis de fondo. En este ambiente calienta motores un año preelectoral que no quisiéramos padecer. Empero, sueño con una salida: que el Presidente reconozca que toda reelección es funesta y renuncie a la suya: que Santos y Uribe escojan al salvador (un candidato capaz, independiente y honesto): que, bajo estas premisas, busquemos una paz donde quepamos todos y que afrontemos de consuno el problema del Caribe perdido. Tal vez así podamos deshacer la telaraña y darnos un Estado próspero y feliz.

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