También caerán

También caerán

Marzo 07, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

La historia del mundo ha ido en zig-zag. De la anarquía al absolutismo monárquico. Del rey con poder divino a la libertad absoluta. Del dios de la libertad al intento comunista. Y de allí a un reacomodo que pretende evitar todo extremo.Así podríamos simplificar lo que ha ocurrido para Occidente. La historia pretendía haber terminado en manos de unos monarcas seculares con quienes no se podía ni pensar ni hacer. Pero hubo quienes se atrevieron a pensar y a hacer y por ello sobrevino la Independencia de los Estados Unidos en 1776. Empezó a hablar la libertad. Y trece años después, 1789, sobrevinieron la Revolución Francesa y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. La libertad era el nuevo dios y la democracia su religión.Empezó, entonces, la liberación, en cascada, del coloniaje europeo: en América acogimos la libertad y comenzamos a aprender a construir nuestras democracias. En el Oriente que ahora arde en llamas dieron sólo el paso de emanciparse de los colonizadores (Francia, Portugal, España, Gran Bretaña, Italia). Pero no derivaron hacia la libertad y la democracia, sino que hicieron una regresión a las más extremas formas de absolutismo. Una historia completamente al revés. Sólo ahora están aprendiendo a dar un salto cualitativo que les permita respirar, pensar, decir y hacer. Es un paso muy difícil y doloroso que cuesta vidas y hambrunas. Como nos costó a los americanos a principios del Siglo XIX. Pero en América todo fue cuestión de abrir los ojos ante el ejemplo de la independencia de los Estados Unidos y la revolución en Francia para continuar, en seguidilla, de mano de nuestros héroes y libertadores, el proceso de nuestro nacimiento republicano.Ahora, tardíamente, con la ayuda de los medios electrónicos y de las redes sociales, con el ímpetu de las juventudes, con el poder de la pobreza, la discriminación, la injusticia, la desigualdad, el hambre y la necesidad de hablar y gritar, comienzan a desfallecer los cimientos de todas las satrapías de Oriente Medio como deberán caer, luego, las del mundo entero. Donde existen las mismas razones debe haber las mismas reacciones. Por ello, llegará la hora en que la necesidad de ser y de existir estará por encima de todo miedo. ¿Miedo a morir?: ¿Acaso tienen hoy vida, sin libertad, sin ejercitar las condiciones mínimas de un ser humano para serlo de verdad: sin poder pensar, sin poder hacer?Que aprendan, por fin, en nuestro vecindario, los Ortegas y los Chávez: también caerán. Incluso los Castros eternos. Y, allende los mares, que lo piense mejor la gigantesca China. ¿Quién iba a pensar lo que ocurriría con el todopoderoso imperio soviético por haber querido desnaturalizar al hombre y someterlo al imperio estatal? El hombre (y la mujer) terminarán siempre por exigir e imponer que se les respete su esencia humana: se trata de un destino ineluctable por el cual están luchando a muerte en Oriente Medio.Entretanto: el aterrador caso Gadafi pronto deberá concluir para que la humanidad “agobiada y doliente” reciba la lección de verlo en la tumba que él mismo se ha labrado o ante la Corte Penal Internacional, teniendo por testigo al mundo entero.

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