Santos es el señor

Agosto 09, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

Santos obtuvo una importante ventaja en mayo y para, perplejidad mayor, alcanzó un triunfo contundente en junio -Santos se fue creciendo a nivel interno al punto de que el pasado reciente de una campaña presidencial vertiginosa e incierta se evaporó de la memoria, como si no hubiera ocurrido- en tal campaña se llegó a pensar en un milagro conservador merced a un eventual ‘toconsan’ -luego se perfiló un triunfo del Verde mockusista–, pero Santos barrió y, una vez elegido, se fue elevando a las alturas celestiales aún ante quienes no éramos devotos de todos los Santos y, por ello, abrigábamos dudas acerca de la estatura de Juan Manuel como estadista –pero el Presidente electo comenzó a refrendar su formación, su talento y su astucia y a demostrar habilidad, discreción y prudencia- habló no con palabras (que trabajo le cuestan), sino con hechos claros: designaciones de personas valiosas, representativas pero independientes -por cierto, no será fácil manejar subalternos que se sienten jefes y presidenciables como Vargas Lleras, cada vez más Lleras, Juan Camilo Restrepo, quien ya fue precandidato, Carlos Rodado Noriega, con claras aspiraciones superiores- Santos tendió ramo de olivo a las Cortes y convocó a todos, incluso al Petro-Polo. Santos concibió una unión nacional que recuerda el slogan de una empresa antioqueña: ‘mejor juntos’ -esa unión nacional, junto con su política de Tercera Vía, dibuja una carrilera por la cual pretende poner a marchar cinco locomotoras cuyo destino es la Prosperidad Democrática y el empleo: agro, ciencia e innovación, infraestructura, mino-energía, vivienda- para Santos la seguridad democrática es un supuesto necesario que supone un largo matrimonio con su antecesor Álvaro Uribe Vélez en una especie de continuismo dinámico y creativo, pues no creo que discrepancias menores los distraigan de lo esencial, en la mira de sacar al país adelante -con el prestigio de Uribe a las espaldas, Santos logró un consenso impensable en el Congreso-.El país reconoce a Santos como experto economista, como pragmático empresario exitoso, como conocedor de todos los temas y los problemas nacionales, como brillante ministro en diversas áreas -además, el nuevo Presidente, aunque tiene un fondo firme, practica unas formas suaves (dicen en Boyacá, su tierra, “hagámonos pasito”): dispone de un involuntario gesto semisonriente que a veces recuerda a la Mona Lisa y conserva cierto talante de tímida tranquilidad y serenidad tanto en los momentos de euforia como en horas de tensión extrema-. En el plano internacional, sin alejarse del gringo, ha hecho aproximaciones que lo muestran abriendo el espectro hacia otras latitudes y se ha arrimado al toro con temple y aguante: es probable que ponga a Correa a comer en la mano y a Chávez a comerse las uñas –y es tan de buenas que, siendo boyacense de estirpe, le tocó posesionarse, precisamente, en el Bicentenario de la Batalla de Boyacá (“de Boyacá en los campos…”)– y para mejor augurio, inicia su gestión con una favorabilidad similar a la de su antecesor -cuánto dure tanta belleza lo dirán los días- en todo caso, ¡que haya suerte!

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