¿Referendo para la Justicia?

¿Referendo para la Justicia?

Septiembre 26, 2017 - 11:35 p.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Ahogados en propuestas. Luego del impacto corruptor en la Justicia todos clamamos por una reforma urgente. Los intentos para reformarla han fracasado. Nadie ha podido lograr nada. Hay tres grandes temas: el qué, el quién y el cómo.

El qué. Todos los días asistimos a foros, entrevistas, opiniones y estudios pero aún no tenemos claro lo que queremos y necesitamos modificar. Hay asuntos obvios para todos: a) Eliminar las funciones electorales de las Cortes, es decir, acabar con los carruseles nefandos: yo te elijo y tú me eliges y eliges a todos mis allegados y recomendados. b) Control judicial para los aforados, hoy intocables. Esto, para comenzar. Pero tropezamos con el hecho de que reformar la Justicia no excluye otra serie de materias transversales a los diversos temas y subtemas.

El quién. Quién lleva a cabo la reforma si todos somos pecadores y no podemos importar ángeles del cielo. Y si todos los posibles reformadores padecen de total desconfianza. Ni el gobierno, ni el Legislativo ni los jueces gozan de fe pública ni aún entre ellos mismos: hoy todos se miran de reojo para acusar al otro.

El cómo. Aquí estamos aún más perdidos. Propuestas: a) Acto legislativo (ya fracasamos en la materia, en forma estruendosa). ¿Quién prepara el proyecto y cuándo se aprueba?; b ) Asamblea Constituyente. Solamente hemos tenido la de 1886 y la de 1991 para expedir las respectivas constituciones: una duró 100 años con 70 reformas y la vigente, con 26 años de vida y 26 reformas; c) Referendo. Esta es la nueva propuesta del Gobierno y de la Procuraduría.

2. Referendo. Se nos olvida que en este país no han sido posibles los referendos. Es curioso que el Procurador defienda tal idea si él propició la 7ª. papeleta.

El actual Fiscal General padeció el fracasado referendo del año 2000 como Ministro de Gobierno.

No olvidemos el fiasco del referendo de Uribe en el 2003 “contra la corrupción y la politiquería”. Solo una de las iniciativas superó el umbral electoral.

Hubo otro fallido referendo en 2008-2009 para intentar extender el mandato de Uribe hasta en 2014: no pudo darse un tercer período.

Ya en 1988, Virgilio Barco había intentado una reforma política mediante referendo. Le incluyeron un orangután que prohibía la extradición en los tiempos de Pablo Escobar y sus aliados en el Congreso y por doquier. Adiós reforma y adiós referendo.

Ni hablemos del proyecto de Vivianne y del proyecto-campaña de Claudia López.

3. Un cómo sin cómo.
No queda espacio para mostrar todo lo que supone un referendo. Hay que reiterar que nuestra historia ha sido muy esquiva para plebiscitos, referendos y consultas populares. Es más: hoy aún se confunden estos mecanismos de participación ciudadana. Ejemplo: el único plebiscito que tuvimos en 1957, al terminar la dictadura rojista, fue en realidad un referendo aprobatorio de unas normas propuestas.

En la urgencia de superar la actual gravísima coyuntura no podemos embarcarnos en un mecanismo de tiempo eterno. No me explico el apoyo oficial que sólo detendría las soluciones que nos urgen. Recordemos lo que implica: una ley con control constitucional; los sufragios requeridos para la aprobación y los votos de la participación ciudadana. No menos de un año. Y entretanto: ¿Tú lo que quieres es que nos coma el tigre?

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