Re-constituyente

Junio 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. La etapa política. En las conversaciones sobre la paz en La Habana hemos ingresado a un tema infinito. Se trata de la política y ya sabemos que política es todo. En concreto se trata de la participación de las Farc en democracia. Allí surge un primer gran debate polarizado: para unos conviene que la guerrilla pase de las balas a los votos lo cual conlleva perdón y olvido; otros, en cambio, no aceptan que quienes estuvieron matando, secuestrando y narcotraficando por décadas lleguen al Congreso a expedir las leyes contra el homicidio, el secuestro y el narcotráfico. En otras palabras, lo que hay que resolver consiste en la siguiente bobadita: ¿Cómo hacer para que los que anteriormente eran el demonio del Estado pasen ahora a santificarlo?2. Política: ¿Todo es posible? Este tema es de no acabar. Pero ocurre que desde Aristóteles se dice que “el hombre es un animal político” (nomoi zoon polithikon.) En consecuencia, la política se volvió el arte de lo posible.En La Habana, por tanto, todo sería sencillo si se tratara solamente de que ‘Iván Márquez’ y ‘Timoschenko’ salieran del monte a calzar la toga de parlamentarios. Pero ocurre que el mundo es otro mundo y las decisiones internas de las naciones que antes eran absolutamente soberanas están sujetas ahora a normas internacionales y, según estas, no se puede alcanzar la impunidad del indulto y la amnistía sin que estén precedidos de juicio y condena previos, así sea en grado menor: el ordenamiento universal exige, cuando menos, la justicia restaurativa donde se den verdad, justicia y reparación. Como ocurrió (en teoría) con los paras.El tránsito, pues, de la subversión a la democracia no podrá ser igual al que han disfrutado Navarro Wolff con ministerio, gobernación y alcaldía y Petro con el segundo puesto del país. Ahora no todo es posible.3. Empezamos al revés. Los diálogos acerca de la participación de la guerrilla en política comenzaron al revés. Estamos peleando por el ‘cómo’ sin antes haber definido el ‘qué’. En efecto, no sabemos lo que se va a negociar en la materia y ya estamos en ‘guerra’ por definir ‘cómo’ vamos a ratificar lo acordado.Piden las Farc que todo sea confirmado a través de una Asamblea Constituyente. Pero ocurre que las constituyentes no son para eso. Son para elaborar una nueva Constitución reformando o sustituyendo la actual. Si de eso se tratara, ¿para que tres años de ‘conversaciones’ ya que estas se darían, en forma de debates, dentro de la tal Constituyente? El ejemplo lo tenemos en las narices con la Constitución vigente que resultó de una Constituyente en 1991. Pero ya no se puede así: ese no es el ‘reconstituyente’.En este país ‘santanderista’ siempre suponemos que los cambios en la sociedad se realizan cambiando leyes. Nos matamos muchas veces en el Siglo XIX por imponer unas normas y en el Siglo XX en la Constitución lo cambiamos todo para que todo siguiera igual. Lo que hay que cambiar es la gente, su modo de proceder: “Dadme los hechos y yo os daré el derecho”.Pero ya que empezamos al revés y estamos decidiendo el ‘cómo’, nada más lógico y simple que convocar un referendo confirmatorio de lo que se firme en La Habana.

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