Pispirispis, verdes y el Cali

Enero 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Pispirispis. No se sabe qué nos confunde más, si no creer en nada o creer en todo. Si no creemos en nada, ¿qué nos retiene aquí, en este mundo? La verdad es que nos alivia creer en Dios, en términos de San Agustín: por la voz del orden natural, por la voz de la conciencia que requiere de un ser superior y por la voz humana como un sentir común. Pero a muchos se les va la mano y creen en todo lo que les pintan: en profecías de todos los tiempos y lugares, en astros, en horóscopos, en la interpretación literal de libros ‘sagrados’; en ángeles y santos, superconciencias, imágenes, liturgias y rituales colmados de milagros; en demonios encarnados y en exorcismos salvadores; en bálsamos, bebedizos, espectros, fantasmas y resucitados, en fines del mundo cada año, en gurúes, dioses y semidioses: se trata de toda una idolatría por los pispirispis. No extraña, por tanto, que haya mamos y radiestesistas con cuyo péndulo activan o detienen los elementos de la naturaleza por los módicos millones que otros cobran en calidad de diezmos o por discursos y recetas que de todo nos salvan para esta vida y la otra. Lástima que a quienes evitan la lluvia no los hayan contratado a tiempo para evitar el reciente ahogamiento nacional.Somos país de paradojas. Mientras clasificamos con Cali, Medellín y Barranquilla entre las 50 ciudades más violentas, somos el país más feliz de América y sexto del mundo. 2. Verdes sin madurar. Confieso que me gusta lo que predican los verdes. En nuestra política hacen falta los que promuevan la transparencia para enterrar todas las deletéreas formas de corrupción. Para ello, conviene que estén, no en la oposición, pero sí al margen de la burocracia: ojos avizores, en permanente estado de alerta. Han tenido la oportunidad de erigirse en guardianes de la heredad y en alternativa de poder. Pero, al parecer, no se resistieron a la magia presidencial de la Unidad Nacional. Santos ya había hecho el sencillo milagro de absorber al conservatismo con varios ministerios; le salió más barato hacerse a Cambio Radical con el Ministerio del Interior y al liberalismo con el de Trabajo. Y todo indica ahora que cooptará los verdes a través de Peñalosa.Pero además de este dilema de ser o no ser, a los verdes se les complican más las cosas con el indefinible señor Mockus quien no sabe dónde ponerse a sí mismo: frustró la alcaldía de Peñalosa (pecado grave), se fue a la organización indígena, se casó electoralmente con Gina Padody y ahora quiere volver, volver, volver. Pero hay más: sus muchos grandes jefes (Lucho, Peñalosa, Fajardo y, eventualmente, Mockus y Gina) serían jefes de sí mismos. Mucho cacique para cada vez menos desorientados indios.3. El Cali: luz verde de esperanza. Una estructura como la del Deportivo Cali necesitaba arquitectos para un nuevo destino. Hay que reconstruirlo todo, en ambiente de fraterna unidad: administración y finanzas (por fortuna hay con qué y ahora hay con quién), equipo (hay que conseguir a quiénes) y estadio (hay en qué: se trata de la obra e inversión más importantes del suroccidente del país). Los caleños encomendamos nuestro espíritu en el brillante nuevo Consejo Directivo. Así sea.

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