Paz, encuestas y reelecciones

Agosto 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Las encuestas: una foto. Muchos, encabezados por el presidente, consideran que este es un buen gobierno. Pero hay que parar el oído ante las encuestas porque ellas, como las radiografías o los diagnósticos médicos, no son buenos o malos, justos o injustos: exhiben hechos sobre lo que la gente piensa y siente, sin juicios de valor. Yo pienso que el mandatario hace su mejor esfuerzo pero abarca muchos buenos propósitos y locomotoras sin que ninguno defina “esto es Santos”. Es de su temperamento tratar de darle gusto a todo y a todos y eso desdibuja la imagen. Entre los partidos, los afectos se irrigan en la gaseosa Unidad Nacional pero nadie identifica donde milita el presidente: liberal, seudo conservador, de la U sí y no, de derecha, de centro, oligarca, izquierdoso populista. Todos quieren tenerla clara sin la actual difusa iridiscencia donde ser todo es no ser nada. Por sus hechos (no por las promesas, las ideas o los proyectos) los conoceréis y reconoceréis en el imaginario de los sondeos. 2. ¿Qué se incuba en Cuba? No tengo duda de que el Presidente y exministro de Defensa trabaja por la seguridad y que hay cifras favorables. ¿Por qué, entonces, ha vuelto el miedo al bombazo y a la carretera? Se habla de que en Cuba se incuba contacto hacia la paz. ¡Vaya paradoja!: La paz debería sugerir seguridad, pero entre nosotros aparecen como antinomia porque las zanahorias y llaves de paz se identifican como debilidad ante el terrorismo, como claudicaciones: nadie quiere repetir la película de Belisario y Pastrana a quienes dejaron agitando solos un marchito ramo de olivo.Además, el Marco para la Paz surgió de sólo una de las partes, el Gobierno y el Congreso: ha sido, por tanto, una construcción racionalista (el deber ser) que contradice el principio según el cual son los hechos (el ser) los que deben llevar a la elaboración de las normas. Ya la guerrilla dijo que no suscribiría un pacto de adhesión.Otra cosa sería que, ¡oh milagro!, los alzados dejaran las armas, el secuestro y el narcotráfico y, como sucedió en Irlanda del Norte o en España, manifestaran y cumplieran con la cesación de toda acción contra el Estado y la sociedad. Esa sí sería la blanca y mágica bandera de la paz.3. ¿Reelecciones? Me reitero contrario a todas las reelecciones, aún las permitidas. En ellas se incuban todas las corruptelas, los grupúsculos y las manipulaciones antidemocráticas. La opinión definitivamente abomina de ellas. El inmaduro Siglo XIX permitió algunas reelecciones (Mosquera, Murillo Toro, Núñez) cuando aprendíamos el andar democrático. Pero en el Siglo XX las reelecciones y los intentos de las mismas resultaron un desastre, un opio para la democracia. Si Uribe (cuya primera reelección apoyé –mea culpa) hubiera salido a los cuatro años sería hoy el padre de los padres de la patria. (Claro: fácil decirlo ahora). Si Santos renuncia a la reelección tendrá gloriosos y gozosos sus últimos dos años de gobierno y terminará en una estatua. Sé que, al menos por ahora, no asoma un solo candidato que gane el año. Pero si el Presidente renuncia a reelegirse todo irá miel sobre hojuelas, aun con el arisco expresidente Uribe. Por ahí sí se daría una sólida y durable Unidad Nacional.

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