Paro y protestantes

Septiembre 04, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Reacción en cadena. Comenzamos con la protesta cafetera que tuvo que arreglarse con plata. Seguimos con el Catatumbo donde se mezclaron todas las formas de lucha. Y se anunció para el 19 de agosto la reanudación de un paro cafetero que luego se denominó paro nacional agrario. Nadie tomó en serio esta última amenaza pues resultaba imposible prever que se desatarían el paro, los bloqueos de vías y la protesta más aguda y más prolongada de los últimos tiempos en el país. Y sigue este insólito baile que incluye máscaras y tapujos. Nada ha habido claro: ni el qué, ni el por qué, ni el para qué, ni el cuándo, ni el cómo. Situaciones como esta, impredecibles, imprevisibles, sin una cabeza dirigente, sin una organización clara, con las redes sociales al vuelo, son muy parecidas a la anarquía. Fue una reacción en cadena del inconsciente colectivo que solo se concretó en una rabia incontrolada contra todo lo institucional. En esos estados de ánimo desaparece la razón y se desbordan la ira, la indignación y aparecen los infiltrados y los carteles vandálicos.2. El campo en la ciudad. Se habló inicialmente de meros campesinos: cebolleros, paperos, lecheros, algunos cafeteros, mineros artesanales. Pero se sumaron camioneros y participantes de toda clase que redundaron en los bloqueos de vías. Todo ya crispado, cada quien dejó salir su ira mala ante diversas situaciones nacionales y regionales. Inicialmente el tema fue el agro, el campo olvidado y recóndito. Unos atacaban los tratados internacionales mientras otros culpaban a nuestra falta de competitividad por baja productividad. Bogotá, que nunca miró al campo, vio arribar a la fiesta a los estudiantes y a los protestantes citadinos. Nadie hubiera supuesto que el campo se tomara las ciudades. Pero no eran los campesinos pues estos solo sirvieron de mascarones de proa. Ya todo el mundo se había apuntado a las vías del hecho, con razones o sin ellas. Las marchas y protestas florecieron en la capital, anteriormente ciega y sordomuda frente a los problemas de provincia, de esas regiones apartadas a las que en Bogotá llaman, en forma displicente, la tierra caliente. El jueves pasado tuvieron que abrir los ojos porque hasta el frío se calentó.3. La guerrilla ríe. Para mí lo más grave de estas dolorosas experiencias radica en que la guerrilla aprendió una nueva forma, más eficaz y peligrosa, de subvertir el orden sin necesidad de disparar y arrojar bombas. Fácil: basta identificar problemas rurales y necesidades sentidas para soliviantar a las comunidades, obligarlas a salir a poner el pecho a la tormenta. Pueden, así, tirar la piedra y esconder la mano. Además, todo tendrá el marco de protestas legítimas y justificadas. Ojalá se firme la paz, ojalá se logre la reconciliación. Pero, sobre todo, si ello ocurriera, ojalá que no sobrevivan nuevas formas guerrilleras que utilicen este tipo de armas para que se siga repitiendo este agosto negro.Posdata. A todos nos gratifica el reconocimiento nacional que se empieza a hacer a nuestro alcalde Rodrigo Guerrero. Pinta, sin dudas, una nueva Cali. Pero tenemos que preparar sucesores que continúen esta buena y nueva ruta.

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