Notas livianas

Abril 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Al oído del Dagma. El barrio Versalles está lleno de ‘salud’. Como en el barrio Tequendama, no caben las clínicas y los servicios complementarios. Fuera del ulular de ambulancias (lo cual se explica) se oyen a mañana y tarde, a todo volumen, altavoces chillones que llevan uvas, mangos, chontaduros, mandarinas, aguacates hasta los quirófanos que operan, los cuidados intensivos que salvan vidas, las habitaciones del ‘reposo’. Lo más crítico es que las estridencias de los megáfonos se generan a oídos de la autoridad ambiental, en la Avenida 5A con Calle 20 Norte. Y el Dagma ahí: ¿Ciego, sordo?2. “A yo me llaman”. Hay un concurso de imitadores por una importante cadena de televisión. Está bien. “Si les gusta el original ahora les va a gustar el doble”. Entre los participantes hay desde muy buenos hasta bastante flojos, para mi gusto, cuando a veces veo el programa. Sin embargo, me parecen insufribles dos personajes: la señora Grisales y sus poses y opiniones desentonadas y desenfocadas y su agresividad ante la erudición de Jairo Martínez. Por su parte, el señor Calzadilla (¿Cansadilla?) con sus estridencias y zalamerías: “La diva de divas, la más divina…”, y sus besuqueos a algún participante. Al parecer le pusieron freno a tal desenfreno. Y en ‘Sábados Felices’ me parece insufrible el personaje que hace de ‘Barbarita’, colgada de gancho de ‘El Gato’, con ese desagradable atuendo y sus flojísimos apuntes. Al notable humorista original le sobran esas pantomimas y esa pamplinada de disfraz.3. ¡Qué publicidad! Respeto mucho la dificilísima labor de los publicistas. Hay productos de gran belleza e ingenio. Pero otros me resultan insoportables. Generalmente los de Tigo: excesos, empalagos. La del pollo asado que ponen a ‘sudar’ para luego promover un desodorante: nada ‘cool’. ¿Y qué tal la del jabón en las axilas del papá que hace de caballo de su hijo?“¿El caballo puede descansar?”. “¡No, grita el niño”. Y luego el papá, al reiniciar la escena, imita a un caballo (¡qué bestia!).4. Derribar ‘ollas’. En Bogotá derribaron casuchas de jíbaros: como el marido que vende el sofá de la casada infiel. ¿Y los jíbaros?: simplemente de trasteo. Parodiando a Gabo: “En agosto nos vemos”.5. La Bogotá petrificada. “Que entra y sale”. Quedó probado que el mundo no se acabó con la salida de Petro. Pero la capital sí puede acabarse con unos días o meses más petrificada. De todo este entuerto lo único claro es que nuestro Derecho está quedando al revés. Y lo más grave: aún hay mucha tutela de donde cortar. (Consejo a Petro: que se vaya a Villa de Leyva o a Barichara a aprender el manejo de la ‘piedra’).6. ¿Y Gabriel de la Concordia García Márquez? Todo ha quedado dicho en el mundo entero sobre el genio que universalizó Macondo. Los elogios seguirán por cien-pre. Disculpen si les sugiero mis notas en la revista ‘Épocas’ de mayo. La iridiscencia puede ser una palabra para mostrar el brillo del novel de Aracataca ascendido a Nobel en Estocolmo. Sus cuentos desde los 20 años. Sus once grandes novelas desde los 28. Sus prólogos, sus reportajes, sus recopilaciones, sus ensayos, su teatro, su cine y sus guiones, desde muchas veces. Su periodismo (literario) y sus obras periodísticas, desde siempre. La autobiografía que alcanzó a “vivir para contarla”. Y su inmortalidad, que comienza a contarse sobre sus cenizas sea donde sea que el viento las lleve.

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