No vuelves a ser el mismo

Noviembre 23, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. El sabio Pambelé. Lo dijo Pambelé: es mejor ser rico que pobre. A las mujeres: es mejor ser bonita que fea. A los varones: son mejores machos que muchos. Al común de la gente: es mejor saber que no saber. Otro sabio: es mejor leer que no leer. Hay muchas máximas que andan por ahí. Por ejemplo: “Si lees un libro no vuelves a ser el mismo”. Cierto: ni siquiera el libro vuelve a ser el mismo: queda más viejo y arrugado, más sucio, más descuadernado.No se trata de leer por leer. Circula mucha basura suelta. Balzac advirtió que “las lecturas inútiles, en exceso, pueden idiotizar a cualquiera”. No sólo por leer se llega a ser más eficiente y sabio. Se trata de afinar la inteligencia con lecturas nutritivas pero primero hay que gozar de inteligencia propia. Siempre se ha dicho: “Lo que natura no da, Salamanca no presta”. Tenemos miles de ejemplos de exitosísimos prohombres sin mayores títulos académicos. No los menciono porque ahora que son ricos les encanta que los llamen doctores.2. El doctor Noguera. El doctor Rodrigo Noguera Laborde fue gran maestro del derecho en la Javeriana y luego, con Álvaro Gómez Hurtado, fundó la Universidad Sergio Arboleda. Estábamos en segundo de derecho y formó un pequeño grupo para obligarnos a estudiar los clásicos. Siempre nos advertía: saber leer implica saber escoger lo que se lee. De lo contrario nos volvemos “eruditos a la veleta”, es decir, expertos en leer y repetir las solapas de los libros. Nos aproximó a los grandes pensadores, a partir de los griegos. “Se gasta el mismo tiempo estudiando a los pensadores excelsos que a los grandes charlatanes”. “Hay, además, que aprender a investigar”. El resto, hoy, lo sabe Google.3. Una vida para un gran autor. Un famosísimo psicoanalista inglés siempre atendía de traje y corbata oscuros, en la penumbra, al lado del diván de los pacientes. Cuando comenzó a ser famoso Jacques Lacan considerado el novísimo gran sabio, le preguntaron si lo había estudiado. El terapeuta inglés respondió: “Tengo una sola vida y ella sólo me alcanzó para leer a Freud a quien nunca terminaré de estudiar”. A veces unos pocos buenos autores enseñan más que el mariposeo por muchos libros de dudosa ortografía. Los clásicos, en primer término. Pero con Poe, con Kafka, con Rulfo, para sólo citar tres, puede disfrutar de genio y de ingenio. Pregúntenle a García Márquez.4. Textos geniales. Que tal leer nuestros acuerdos de paz. El primero de ellos nos enseñó cómo se les da gusto a unos cuantos miles. Los necesitamos sin armas. De darle gusto a los demás se encargan nuestras instituciones, que aún están más o menos sólidas. Tenemos 500.000 entre soldados y policías frente a 5.700 desalmados desarmados. Y somos casi 50 millones para absorber los peligros de los peligrosos. El segundo acuerdo nos dice ahora que es definitivo. Es el último y, según el gobierno, es lo último. Sin duda se trata de un texto mucho mejor. Y si quisiéramos el cielo podrías seguir de mejor en mejor hasta el infinito. Pero yo me contento con lo posible ya que no se puede lograr lo perfecto y lo imposible. Son válidas todas las objeciones. Pero es mejor algo de paz que mucho de nada. Otra vez Pambelé: es mejor paz que guerra porque es mejor vivo que muerto.

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