Más que muertes

Más que muertes

Agosto 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos Mejía Gómez

1. Muertos en seguidilla. Entonces era noticia: muerte del mariscal Sucre, de Rafael Uribe Uribe, de Jorge Eliécer Gaitán. Tomaba tiempo entre un magnicidio y otro. Cuando nos vino ‘la violencia’ (1948-1953) los muertos eran por ramilletes: solo por el color del trapo.Pero llegó el terror de los 80 y hubo seguidilla de homicidios magnos: Rodrigo Lara Bonilla, 1984; Guillermo Cano, 1986; Jaime Pardo Leal, 1987; Luis Carlos Galán, 1989; Bernardo Jaramillo, 1990; Carlos Pizarro Leongómez, 1990; Álvaro Gómez Hurtado, 1995; en fin. Según Emerson, “dondequiera que se comete un crimen, Dios pone un testigo”. En muchos de nuestros casos los testigos no aparecieron y aún reina la impunidad. A uno lo mató la mafia, a otro la guerrilla, a otro los paras. Vale decir, nadie. Ellos murieron pero la impunidad sigue viva.2. La muerte en la esquina. Ahora que recordamos la muerte de Luis Carlos Galán, contamos que es mucha gracia estar vivos. Iba yo por la Calle 94 con Carrera 15 en Bogotá, una noche de 1990, cuando a unos quince metros estalló un petardo. Sólo atiné a cogerme la cabeza, a respirar profundo y a dar gracias a Dios por salir ileso. Apenas me reponía del susto cuando, minutos después, hubo otro estallido a pocas cuadras. Así era la vida en esos tiempos de la muerte. Cuando cada uno de treinta asesinatos en el mundo ocurría en Colombia.Se pregunta uno cómo viven en las llamadas zonas de conflicto. Aquí en Buenaventura, acá en el Cauca, allí en Tumaco (y allá en Putumayo o en el Catatumbo, o en Arauca, o dondequiera) hay un atentado feroz o se da un sembrado de bombas antipersona. “La violencia y la locura tienen mucha semejanza”, como reconocía Balzac. Dado que “ningún crimen se funda en la razón”, (Tito Livio) estamos obligados a arreglarnos mejor la vida.3. No lo he inventado yo. El hombre ha oscilado entre el instinto de vida para sobrevivir y el instinto de muerte para no dejar sobrevivir. Nuestro mejor esfuerzo debe ser por que reinen la convivencia y la solidaridad. Claro. Empero, nosotros hemos tenido el espejo del mundo. Miremos lo que ocurre hoy en todos los orientes y en todas las áfricas. Cómo se puede vivir en Siria, en Iraq, en Palestina (o Israel), en Ucrania, en ciertos países africanos. Todos ellos, como nosotros, aprendimos de un mundo que crucificó a Cristo Jesús, que en pleno Senado masacró a Julio César, que ultimó al archiduque Francisco Fernando para asomarnos a la I Guerra Mundial (desde entonces se habla de la Mano Negra), que ultimó a Abraham Lincoln y a John F. Kennedy (cinco años antes que a su hermano Robert), que había asesinado a Mahatma Ghandi, en 1948 (y a Indira Ghandi en 1984 y a Rajib Ghandi en 1991), que mató a Martín Luther King en 1968, sólo por su color. Y a tantos otros…4. La paz y las víctimas. Claro que todos tenemos que querer la paz y creer en que ella es posible. Como vemos en la historia, nunca habrá paz absoluta. Pero ojalá en La Habana encuentren un camino negociado luego de haberse puesto de acuerdo en lo rural, lo político y lo narco. Esperemos que se abra un camino hacia la reparación de las víctimas. Y clamo para que, entre tanto, alguien me colabore con una definición para la palabra “víctima”. Que no se repita lo de los organismos internacionales que ocuparon más de una década, en vano, para definir el término “desarrollo”.

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